«Al calor de la ley» es un relato que pertenece a mi primer libro de relatos titulado «EL SILENCIO DE LOS LOCOS y otras historias reales. Apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas».

Este fragmento del relato titulado «Al calor de la ley» forma parte de la recopilación de 15 relatos incluídas en el libro «El silencio de los locos». El Silencio de los Locos y otras historias reales, apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas es precisamente eso, un libro de notas y apuntes convertidos en relatos a lo largo de los años.

En estos textos podrás encontrar una mirada irreverente, irónica y sentimental sobre situaciones que en otras manos resultarían espeluznantes. El Silencio de los Locos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo.

Amigas despechadas; viejos profesores travestidos; espabilados musculados; entierros estrafalarios; Heavys sin futuro; conejos voladores; convenciones lisérgicas; sesiones de cine sangriento aún más sangrientas; siniestros urinarios; filetes vengadores; ansias de independencia; y locura, mucha locura.

Estas son algunas de las historias que te acompañarán a lo largo de todas las páginas del libro. Espero de todo corazón que te diviertan, te inquieten y te conmuevan…

… y por favor no te las tomes demasiado en serio.

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Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus pensamientos sobre este poema y el tema tratado en él.


AL CALOR DE LA LEY

Agus, retenido en su BMW, fantaseaba con tórridas aventuras. Con encuentros apasionados con esas hembras aceleradas que, sin saberlo, tanto presionaban su bragueta.

Sumido en su orgasmo imaginario, Agus balanceaba la cabeza al ritmo de la música. Un bolero de los Tres Sudamericanos le acariciaba desde su equipo de alta fidelidad. Fumaba con desinterés. Los aros imperfectos del humo de su cigarrillo apestaban el interior de su flamante vehículo.

La condensación empañaba las lunas. La realidad, permanecía fuera. Agus se veía como el rey del mundo en medio del caos.

Agus tenía algo más de treinta años. Puede que ya hubiese cumplido los treinta y cinco, pero eso era algo que mantenía sólo para sí. Tras una penosa y nada emocionante existencia, a los veintiocho años embaucó a una fea y rica heredera llamada María. Una joven apellidada con la solera que sólo los ricos saben imprimir a su linaje. La había conocido mientras sudaban en la bicicleta elíptica del gimnasio, lugar al que ambos acudían todas las tardes. Agus no cejó en su intento hasta que consiguió que María le dedicara unos minutos. Tomaron una infusión de regaliz en el café situado al otro lado de la calle.

No es que María se hiciera la interesante, no. La realidad era muy distinta. María era un auténtico compendio de complejos, frustraciones y traumas de manual. Nunca jamás hasta la fecha había permitido a nadie atravesar la coraza de seguridad con la que protegía su intimidad, resguardaba su honra y ocultaba su excesivo sobrepeso. Al menos eso era lo que pretendía hacer creer a los demás.

Pasados unos meses desde aquella primera cita los acontecimientos se precipitaron.

-Quiero que conozcas a mi padre- dijo María, así de sopetón, dejando a Agus sin palabras.

Como Agus no podía decir nada, no lo dijo. En unos pocos días María trataría de arreglar un encuentro entre los dos hombres más importantes en su vida.

A pesar de las dudas de su padre, María logró convencerlo para que accediera a una reunión con Agus. Ella comenzaba a sentir ciertas mariposas en el estómago y su padre una más que inquietante curiosidad por Agus. Le intrigaba ese sujeto sin pasado que de la nada había aparecido para acabar con la soltería de su hija. No tenía ninguna duda de que también trataría de llegar hasta su patrimonio.

Le intrigaba ese sujeto sin pasado que de la nada había aparecido para acabar con la soltería de su hija y llegar hasta su patrimonio. #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos #Libro #Relatos #Amazon Clic para tuitear

Marcelus y Wallace, eran los Alias con los que les gustaba presentarse a los hermanos gemelos de María. Los dos tenían de fuertes y violentos lo que de estúpidos y holgazanes. Ante la sospecha de que Agus pudiera querer aprovecharse de su hermana; invitaron a éste a un fin de semana de confraternización. Todo ocurrió en una de las numerosas naves abandonadas que el padre de María tenía a lo largo y ancho de la ciudad. Allí, primero Marcelus y Wallace después, sometieron a Agus a una tanda de palizas continuadas hasta que se quedaron sin fuerzas para continuar.

Fueron 48 horas muy intensas. Tras un larguísimo y violento interrogatorio, sin obtener ninguna información relevante, los gemelos devolvieron la libertad al maltrecho Agus. Lo acompañaron hasta la misma puerta de su casa. Lo dejaron allí, semiinconsciente y ensangrentado. En su rostro se podía adivinar la sonrisa de quien ha ganado una batalla. Los tres se fundieron en un abrazo y quedaron para tomar unas cervezas cuando Agus se hubiera recuperado de sus lesiones…

© “Al calor de la ley” es un relato de Oriol Villar-Pool incluído en su libro EL SILENCIO DE LOS LOCOS.