Miramón, artífice de escándalos y rastreador de basura, va  a marcar las pautas a seguir por el canal, para hacer del programa que su mente enferma está pergeñando un éxito sin precedentes.

Si sus colaboradores son capaces, cosa de la que no está del todo convencido, de seguir al pie de la letra las pautas que él indique, llevarán a cabo un formato, si no nuevo, al menos un  «híbrido». Será un formato que marcará un antes y un después en la televisión en España, y con suerte creará tendencia internacional.

Ya se sabe que esto de hurgar en el estercolero mediático, los sabuesos están muy vivos y siempre dispuestos al plagio, ya sea con matices o sin ellos.

Si no has leído aún las diez primeras entregas de Doble o Nada te recomiendo que lo hagas ahora mismo y asi disfrutarás mejor de este capítulo.

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«Lo que allí suceda será la hostia». La frasecita promocional de marras llegó incluso al parlamento,. Pero la desidia de sus señorías que de tanto lamer sus cipotes  habían intoxicado su escasa materia gris, hizo que cada cual votase según su erección y el grosor de sus billeteras. En agua de borrajas quedó una  bronca parlamentaria que sólo ayudó a promocionar un esperpento que ni el más hijoputa de los guionistas hubiera pergeñado con mayor ingenio y peor maldad.

La promoción visitó a cada ciudadano en su rutina. Inmensas vallas publicitarias lanzaban su advertencia junto a los descoloridos restos de una campaña electoral, en la que los gilipollas electos mantuvieron sus poltronas, aferrados a dogmas que más tienen que ver con sus ombligos que con el electorado. Populacho al que tanto desprecian en la intimidad de los burdeles caros a los que les invitamos los contribuyentes. Las pantallas de televisión no perdonaron a nadie y a nada en su intento de colapsar la vida, detener el tiempo y desbordar la paciencia del país.

En salones de moqueta clara, madera oscura, y piel de verdad, ejecutivos vestidos de sport perfilan los aspectos del crimen. Si los asesinos sincronizan sus relojes, éstos apresurados por el estrés, oliendo a colonia regalada y mordisqueando sus uñas arregladas por mil veces por manicuras que aspiran a ser propietarias de su propio negocio, elaboran decálogos, protocolos, principios y fundamentos que argumenten, teoricen y justifiquen la que van a organizar.

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-En primer lugar quisiera establecer algunas cuestiones importantes sobre algo que deberíamos no perder de vista en ningún momento para rentabilizar al máximo la apuesta que hacemos con este programa.

Quien habla es Miramón, jefe de programas externos del canal y uno de los pocos hombres que la nueva junta directiva ha mantenido en el puesto tras la criba de su desembarco. Nadie se explica como ha conseguido sobrevivir, cuando otros menos responsables de la debacle del canal, hace semanas que comparten soledad y mala hostia en las colas del paro. Las malas lenguas, esas mismas que siempre hay en todas partes, encuentran la respuesta en una leyenda que acompaña a Miramón desde que comenzó en la televisión local de su pueblo allá en el norte, donde al parecer todos lo conocían por la Miramé. Nunca nadie supo explicar que era lo que enseñaba, pero vista su meteórica y blindada carrera parece que, fuera lo que fuera, era del agrado de quienes decidían ascensos y firmaban despidos. Si sobre lo que no cabía la duda era sobre la profesionalidad de Miramón. Si bien había cometido algunos errores, que a punto habían estado en llevar a la quiebra a la empresa también, y todo hay que reconocerlo, le había brindado algunos de sus éxitos más sonados. «Vaya lo uno por lo otro» era la frase que con más frecuencia acompañaba a su nombre cuando Miramón se convertía, cosa que ocurría con demasiada frecuencia, en la comidilla de las comidas y en la bebidilla de las borracheras de trabajo a las que él no asistía. Siempre había sabido rodearse de gente de confianza y El Lonchas era uno de sus más fieles colaboradores. Cuando se recuperó de la noche pasada con Máximo y Artemio, en compañía de los cazatalentos y huelebraguetas de la competencia, El Lonchas supo que trabajando un poco la idea sobre la que acababa de preacordar un derecho preferencial para dos meses, él salvaría su culo y Miramón sin duda continuaría interesándose en él.

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-De modo que si les parece bien paso a relacionar esos aspectos que considero fundamentales- continua Miramón sintiendo la mirada de todos clavada en su jeta. Tiene ojeras de padre primerizo aunque todos saben que no tiene descendencia reconocida. -Pues bien en primer lugar creo que aún a riesgo de acabar en el tribunal constitucional debemos hacer lo siguiente:

  1. Comercializar sin escrúpulo alguno con la privacidad de nuestros personajes – concursantes y por extensión de todos sus parientes, amigos, etc… Bueno creo que todos ustedes saben a qué me refiero.
  2. Ya que medio país está obsesionado con el famoseo y/o con ser a sí mismo famosos, pues vamos a comercializar con ello.
  3. Si tenemos a cerca de un centenar indigentes dispuestos a todo por salir en la tele a cambio casi de nada y encima son adorados por el público… Pues hagámoslos estrellas y convirtámoslos en dioses de la caspa.
  4. Todos sabemos que son inútiles hasta unos extremos que nos sonrojan a nosotros mismos. No saben hacer nada y nada se espera de ellos, de modo que sólo nos queda el recurso al escándalo. Esto los tendrá entretenidos a ellos, llenará de contenido todas las horas de programación que tenemos que llenar y atraerá a la audiencia como moscas a la m… bueno a la miel.
  5. Vivimos en un país en el que, nos guste o no, lo refinado y/o cultivado es sinónimo de aburrido y de estirado. Nadie va pagar, ni tan siquiera va a dedicar su tiempo a quienes no le interesan. Hay que lograr la empatía, aunque sea por  exceso con el espectador, de modo que tendremos que glorificar, santificar y potenciar la zafiedad y la vulgaridad.
    Hay que lograr la empatía con el espectador, así que tendremos que glorificar, santificar y potenciar lo zafio y la vulgaridad. #OriolVillar #DobleoNada #Relato Clic para tuitear
  6. Redundando en el punto anterior habrá que incidir  en lo feo y lo estúpido, lo ruin y lo soez, lo vulgar y lo banal, frente a lo hermoso y lo refinado, lo bello y lo sabio.
  7. Nos interesan los adultos, pero no sólo no debemos olvidar a los niños y sobre todo a los adolescentes. Aunque hoy por hoy el beneficio que podamos obtener de ellos sea limitado, debido a su escaso poder adquisitivo, debemos comportarnos como los vendedores de Crack en las puertas de los colegios. La inversión de hoy es el beneficio de mañana. Y ese mañana está mucho más cercano de lo que todos pensamos.
  8. Por último, pero no menos importante. Me atrevería a decir, a tenor de la experiencia con otros programas de la competencia, que el objetivo último y por encima de todo, sea la colonización de toda la parrilla de la caden, y  en la medida de nuestras posibilidades, de ahí la importancia de los escándalos absurdos y continuados, de los demás canales.

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© “Doble o nada.” es un un relato de Oriol Villar -Pool