La trama empieza a complicarse o quizá lo que hace es cobrar forma en beneficio de todos. En esta cuarta entrega de Doble o Nada Lupita Meneses comprende de qué va todo ésto y qué puede sacar ella de semejante quilombo. 

Ha tenido un pasado turbio aunque no mucho menos que su presente. Pero ha comprendido que si sigue los consejos de Máximo, su representante, puede que acabe siendo la reina de la fiestas de su pueblo. Pero esa vez sin recibir los botellazos con que los mozos gustaban agasajarla condo era más joven y tersa.

Si no has leído aún las tres primeras entregas de Doble o Nada te recomiendo que lo hagas ahora mismo y asi disfrutarás mejor de este capítulo.


Leer + Entregas:
Doble o nada. Un relato de Oriol Villar-Pool

 


En su apartamento amueblado fruto de la mente criminal de algún afeminado sin talento, Lupita Meneses se revuelve en su butaca. Ha pateado sus yogures desnatados, ha rescatado de su escondrijo un paquete de Camel reseco que la alivia de las malas hostias y ha descolgado el teléfono.

En sus labios apura el cigarro. La gris flacidez de la ceniza amenaza con volver a caer donde tantas veces lo ha hecho antes. Entre hombro y oreja el auricular parece un sándwich de inoportunidad. Con certeza desequilibrada galopa de canal en canal buscando en la televisión lo mismo y huyendo de nada.

El teléfono comunica. Siempre comunica como un adicto obligado a quitarse. A Lupita no le quedan manos para colgar. Pero el ingenio le ayuda a hacerlo. A Lupita siempre la ha salvado el ingenio y ese par de arrebatadas tetas que la preceden allá a donde va.

Da comunicando. Cuelga y llama de nuevo. Desatiende cualquier norma de telefonía. Las normas se las pasa por el mismo lugar que a los productores.

Un timbrazo la devuelve al aquí y manda las cenizas para allá.

-Sí. ¡Qué coño pasa!

Lupita Meneses las normas se las pasa por el mismo lugar que a los productores. #DobleoNada #Relato #OriolVillar Clic para tuitear

-Joder tío vaya susto me has dado. Te estaba llamando. Puede saberse por qué siempre que te necesito te la estás pelando en cualquier parte menos cerca de mí… Por eso te llamaba yo también. ¿A ti te parece normal que me haya tenido que enterar por la tele? ¿Dime sinceramente si te parece que te estás ganando tu porcentaje?… ¿Cómo que de nada?¿A «La Tangana«? ¿Y qué tal pagan? ¡No me jodas! ¿Pero de verdad les interesa? Joder pues claro que quiero ir. Si no hago algo antes de dos meses me veo otra vez en el pueblo subiendo ánimos y bajándome las bragas. ¿Y qué hacemos con el pichacorta? ¡Qué él también viene! Ya… Ya… Ya.

El diálogo deriva en orden de trabajo y la chupapollas reconvertida en estrella y también chupapollas atiende libreta en mano. Máximo, su representante y también agente de Galán y al parecer leguleyo de más mierda que el abogado de un narco, parece tenerlo muy claro y transmitirlo aún mejor.

Lupita traga y no le disgusta. Tenía trece años cuando comenzó a hacerlo y a todo se acostumbra una. No anda sobrada de luces y sabe que obedecer la librará de más enculadas de las que sus riñones puedan soportar. Ha pasado demasiadas veces por ello. Garabatea con pulso de analfabeta y las entendederas de un dóberman.

Pero en su sesera hay algo que la trae frita. Ha ordeñado a más tíos que ninguna. En tiempos de más sobaquina y garrafón, incluso necesitó un ayuda de cámara para poner orden en las colas de la cola que entretenía la espera calibrando arsenales.

Polvos sobre los espejos y polvos sobre el skay pringoso del aparcadero más cercano. Tenía para vivir y la juega no era manca. Pero aquellos fueron tiempos para un cuerpo más joven.

Ahora no le disgusta recordar el nombre del culo apretado y tenso que se larga sin desayunar. Algunos incluso repiten. Deben ser tiempos de romanticismo…

…Pero Alfredo era otra cosa… Era gilipollas… Era engreído… No tenía ni puta de idea de casi nada. Y sus habilidades era mejor pasarlas por alto. Pero Máximo se lo puso delante y ella se acomodó debajo. Compartían intereses, unas cuantas fotos y programas que les beneficiarían en sus famélicas carreras. Los dos tenían nombre y una jeta sobre la que escupir. Los dos habían rozado su techo y la caída comenzaba a acelerarse.

Pero a Lupita hay algo que la trae frita. Quizá sea una cosa de principios o una chorrada sobre la dignidad. O simplemente un orgullo más jodido que una barbie en un cuartel. La cuestión era la siguiente. Si Máximo la prometió no duda en que lo hiciera con Galán. Pero en sus citas a espaldas del representante para ahorrarse una comisión, y tras una sudamina en la entrepierna por que ya que estaban allí… ¿Entonces era él?

Cómo podía no desconfiar. Si el farsante se la habían pegado a todo Dios por qué no se la iba a pegar a ella también.

Ahora a Lupita no le disgusta recordar el nombre del culo apretado y tenso que se larga sin desayunar. #DobleoNada #Relato #OriolVillar Clic para tuitear

Entonces y sólo ahora Lupita comprende el significado escondido en las instrucciones de Máximo «di que vas a romper con este imbécil pues si no es capaz de guardarse de sí mismo como lo va a hacer de ti».

Ahora comprende Lupita. ¡Joder! Es una idea de a millón. En instantes de calentón como estos la niña se convence del motivo por el que se deja asesorar por su representante, abogado, contable, mayordomo y amante. Máximo vale para todo. Bueno quizá como amante ese también debería quitarse. Pero también tiene derecho a comer caliente.

-Mira reina si sabemos manejar todo ésto tenemos una bomba de mil pares de cojones. Si me hacéis caso podemos colapsar los medios durante meses y quien sabe…

-Mañana mismo le mando a tomar por el culo… Ah bueno sí mejor en el programa… Vale bueno… Ok.

Cuelga Lupita el auricular y cuelga su vida. Se sacude la ceniza de varios cigarrillos desparramada sobre su escasa ropa y percibe que todo renace otra vez.

-¡Este Máximo es lo más!

Mañana mismo le mando a tomar por el culo... Ah bueno sí mejor en la tele... Vale bueno... Ok. #DobleoNada #Relato #OriolVillar Clic para tuitear

Continuará…


Leer + Entregas:
Doble o nada. Un relato de Oriol Villar-Pool

* © “Doble o nada.” es un un relato de Oriol Villar-Pool