Novena entrega de Doble o Nada, el esperpento por el que «La Gloria» de las estrellas de la televisión queda tan al descubierto como sus barrigas en Benalmádena. En este nuevo capítulo Máximo Altúnez cita a todos sus acólitos y allegados para exponerles el que será su gran proyecto. La obra de su vida.

Máximo Altúnez es representante y artífice de tantos montajes del famoseo que ya ni siquiera sabe a quien representa y a quien no, pero trata de rascarles a todos una comisión, una raya, un polvo o lo que se tercie.

Hoy ha reunido a la flor y nata del estercolero mediático del momento para exponer sus planes. Aunque se quedará satisfecho si consigue que alguno de ellos, al menos consiga entender algo.

Si no has leído aún las siete primeras entregas de Doble o Nada te recomiendo que lo hagas ahora mismo y asi disfrutarás mejor de este capítulo.

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Sobre la mesa corren el café, el aguardiente y la farlopa. Cada cual atiende su vicio y cada quien se evade del mejor modo. Máximo hace tiempo que no pretende que sus tarados se comporten de otra manera diferente a la de sus personajes.

-La verdad no interesa ni a los locos- solía repetir Máximo con cada vez más frecuencia.

Pero esta tarde, mientras se desayunan, a Máximo se le comienza a agotar la paciencia. Han llegado todos. Todos lo han hecho tarde. Y a ninguno parece interesarle el por qué de la reunión.

Artemio Laca, representante de artistas, resuelve un fregao en el que una menor, la honra, el parné y la cárcel se barajan a partes iguales. Un gesto del uno anima al otro a poner su baraja sobre el tapete.

-Creo chicos que ha llegado la hora de dar una vuelta de tuerca a este bonito asunto que nos ocupa- escupe Máximo.

Tiene planes. Rebosa su cabeza con proyectos que probablemente estos imbéciles nunca llegarán a comprender.

En torno a la mesa están todos. Marcelino y Alfredo Galán, que sin conocerse se conocían como si se hubiesen conocido de toda su puta vida. Apenas se han dirigido la palabra pero no se han quitado ojo. La curiosidad es poderosa y vence al rencor.

Sin conocerse se conocían como si se hubiesen conocido de toda su puta vida. #DobleoNada #OriolVillar #Relato Clic para tuitear

Pedro, ausente en cuerpo y alma se recuesta sobre una silla de diseño francés que le está jodiendo la espalda. Artemio con el teléfono parasitando sobre su oreja no despega los labios, al menos ahora los suyos.

Sola y sin saber ni por qué ni por dónde, Lupita Meneses sorbe un café solo tan espeso que la tendrá el resto de la sesión aliviando aguas mayores pasillo arriba y abajo. Aguarda expectante la proposición de Máximo. Sospecha la dirección de la balacera, pues a velamen desplegado a Máximo le resulta difícil mantener la boca cerrada. Pero sospecha Lupita que en esta ocasión la cosa parece seria y merece la pena prestar atención.

Rebeca Revuelta, a pesar de unas bonitas piernas es conocida en el lumpem-proletariado por la coja, dada su afición a visitar los despachos de rodillas. Representa también. Se lleva así misma, y ya que está, dirige las carreras de media docena de indigentes a los que el azar ha colocado en el firmamento hertziano.

Sakarina es uno de los deshechos que más le ha dado a ganar y que la ha confirmado como lo que es, una puta mierda. Sakarina también lo es pero ella aún no lo sabe. En los camerinos, siempre a su espalda todos la creen tarada. Ella se sabe la Gloria Swanson de «Sunset Boulevard» y nadie está por la labor de bajarla del guindo.

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Sakarina es la desequilibrada más rentable, esperpéntica y rentabilizada que los medios hayan generado en toda su enmerdada vida. Hay quien dice que canta y otros la creen actriz, pero su madre, siempre arrimada y siempre partícipe de tajadas y broncas, la cree estrella.

Sakarina editó un disco en tiempos en los que la sorpresa y el desconcierto la colocaron al frente de la modernidad, el arco gay multicolor y los felpudos lésbicos. Incluso la litúrgica de seniles litroneros siempre fieles a Obús, a sus barrigas y sin fuerzas para empujar a una chati revejuda, la escogía para cerrar los bares, derramar unas lágrimas sobre el serrín y escupir sobre sus putos destinos. «Tocarte» se llamaba la obra que entre bailes y llantos acompañó las noches ebrias de todo el país.

Vendió como la que más y cayó en el pozo del engaño como todas. Las promesas se tornaron en coces que la tumbaron con intención y maldad.

Vendió como la que más y cayó en el pozo del engaño como todas. Las promesas se tornaron en coces que la tumbaron con intención y maldad. #DobleoNada #OriolVillar #Relato Clic para tuitear

La madre de Sakarina, Doña Rosalinda. Pequeña hasta el absurdo. Avinagrada hasta la acidez. Absurda hasta la gloria. Era  trasparente y confusa como el orujo de pueblo. Así es Rosalinda. Madre e hija viven juntas y duermen abrazadas. La higiene no parece pertenecer a la familia y tanta laca contribuye al esperpento.

Continuará…

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© “Doble o nada.” es un un relato de Oriol Villar-Pool