Web del escritor Oriol Villar-Pool.. Descubrirás parte de mi trabajo. Relatos, Guiones y poemas. Apuntes sobre el amor, el odio y el horror

El Carrer de la Fraternitat. Una fotografía de Oriol Villa-Pool

Durante muchos años de mi ya dilatada vida he podido sentir lo que la falta de libertad significa; lo que el no poder mostrar tus opiniones más que ante quienes sabes que son «de confianza»; lo que significa sentirte señalado sociológicamente por no bailar al ritmo del único pensamiento permitido.

He sentido lo que significa no comulgar con el dogma impuesto por unos y,  lo que es aún más triste, autoimpuesto por otros, en aras de lograr la invisibilidad salvadora.

He sentido que, además de tener que tener que guardar silencio,  con frecuencia era marcado con los signos con los que son estigmatizados los diferentes. Señalado por el dedo acusador de quienes con «la más sibilina» de las violencias, en el mejor de los casos, te miran por encima del hombro, apartan la mirada y te abandonan en tu soledad.

Los que te dejan sentir con claridad que «NO eres de los nuestros»; que «si no te gusta esto, por qué no te vas», los del  «Algo habrá hecho», los de «si son cuatro gastos que caben en un portal» que diría el mayor de los fascistas de  alzacuellos, tradición y esvástica.

Es cierto que podemos ser cuatro quienes no pensamos como dicta el «Movimiento», pero los derechos de los unos  no pueden ser vulnerados con la impunidad con la que lo han sido durante décadas con el beneplácito de los biempensantes y la sonrisa cínica de los hombres de Dios que tanto veneno han escupido desde sus púlpitos.

Por esto y por mucho más cuando descubrí El carrer de la Fraternitat en el bario de Gracia de Barcelona, vinieron a mi mente algunos recuerdos que se estaban reproduciendo de la misma forma y manera a como yo los había conocido durante años y cuyo final está aún por escribir

Obrador Vegetariano Carrer de la Fraternitat Barrio Gracia Barcelona 2019-09-14

«El Carrer de la Fraternitat»


Fraternidad:
Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales.

En una esquina cualquiera del Barrio de Gracia de Barcelona, busco la casa en la que nació el Pescadilla, «creador de la rumba Catalana», como reza una silenciosa placa olvidada.

Me encuentro con este coqueto local vegetariano. No me puedo resistir y me detengo para captar la imagen que te muestro.

Mientras miro la estampa ubicada frente a mi y decido la composición y el punto de vista con que quiero inmortarlzar este pequeño rincón observo todos sus detalles.

Sobre todos ellos llama mi atención el nombre de la calle, «CARRER DE LA FRATERNITAT». Me encuentro en un barrio, atestado de pintadas de tono político, como es este de Gracia, en el que acabo de saludar en la Plaça del Diamant a la «Colometa» a la que han vestido con un pañuelo amarillo.

No deja de resultar irónico que la calle que llama mi atención sea la de la Fraternidad. Me detengo unos intantes antes de accionar mi cámara y reflexiono sobre quién, y por qué, ha convertido una palabra tan hermosa y tan bellamente definida por el diccionario en un bien tan escaso de encontrar y tan precioso de lograr.

He paseado por sus calles y me he cruzado con ciudadanos africanos, he comprado  en comercios asiáticos, he saludado a sonrientes gitanos que rumbeaban bajo una buena sombra, he oido hablar en inglés, en francés y en italiano.

He pedido mi consumición en catalán y he debatido en castellano. Pero en la televisión la intolerancia de todos los colores, pero siempre chillones, copa la programación, las mentes y las opiniones de un pueblo que con demasiada frecuencia olvida al necesitado, ignora al doliente y abandona al abandonado.

Hace mucho tiempo que sólo me interesan las personas y no hago caso de la gente, de modo que sonrío a la niña gitana que palmea en brazos de su madre, digo «Adeu» al camarero italiano y salgo en busca del «CARRER DE LA FRATERNITAT».

© «El Carrer de la Fraternitat.» es una fotografía de Oriol Villar-Pool

2 comentarios

  1. Carmen Luna

    Me gusta. Hace tiempo que sé de soledades, me he hecho muy amiga de la mía aunque sé que cada uno/a tenemos la nuestra, y sé que no soy la única.

  2. Oriol Villar-Pool

    Muchas gracias por tu comentario.
    Es una buena idea la de no enemistarse con la propia soledad, pues la suma de las soledades hace una multitud de inquietudes, un mar de navegantes intrépidos y valientes que buscan en su interior.
    Que surcan los oceanos de la duda y los cielos del dolor.
    Que ahondan en su ser a la captura de la felicidad.
    Unas veces la hallan y otras puede que no.
    Pero la sola búsqueda da sentido a su existir.
    Que uno viaje solo o no es un tema menor, pues cuando alguien se ha sumergido en su interior su compañía le es suficiente.
    —————
    Respondí a la tarde
    de la Primavera:
    Tú has dicho el secreto
    que mi alma reza:
    yo odio la alegría
    porque odio la pena.
    Mas antes que pise
    tu florida senda,
    quisiera taerte
    muerta mi alma vieja.
    Antonio Machado. «Ocaso» Soledades

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *