No hace mucho me crucé por la calle con el que fuera mi inspiración para el relato que vas a poder leer a continuación. Hace ya más de veinte años que escribí esta historia y aunque todos y cada uno de los sucesos que en él relato son fruto de mi invención estoy seguro de que podrían haber ocurrido en la realidad.

Lo asombroso, y de lo que me alegro de verdad, es que el auténtico Tomás, continúa vivo y coleando y lo hace con el mismo extraño, desasogante y algo repugnante aspecto que me inspiró. Si supiera lo que mi imaginación había deparado para su futuro, seguro que no saldría de su asombro…

¡O no! ¿Quien sabe?

Tomás era feo, desaliñado y sin ningún atractivo. A pesar de sus casi cuarenta años todavía intentaba encontrar su primer empleo. Vivía, en un pequeño y desvencijado piso en la peor barriada de la ciudad, con su madre y una hermana mucho más joven que él, fruto de un despiste o una violación. Esto nunca quedó demasiado claro.

Su madre era una mujeruca poco integrada en su entorno, a la que los años le habían hecho aflorar todas las taras propias de una evolución alocada por generaciones de incestos y cruces contranatura.

La niña, anoréxica desde la cuna, era un esqueleto moreno de triste mirada que vagaba día y noche por el pasillo arriba y abajo.

Vivían a la cuarta pregunta con lo poco que la limpieza de portales por horas reportaba a su madre. El pobre Tomás nunca había sido capaz de ganar un duro, ni de forma honrada ni mucho menos usando las artes ilegales tan frecuentes en su entorno cotidiano. Nunca había tenido muchas luces, y el colegio y la calle no habían conseguido hacer de él algo más que la basura que su madre se encargaba de recordarle a diario que era.

Tomás era buena persona y en su barrio todos le tenían cierta estima, pero él sabía que todo aquel cariño – que tampoco era tanto, no nos llevemos a engaño – no era otra cosa que lástima.

Tomás era buena persona y todos le tenían cierta estima, pero él sabía que todo aquel cariño no era otra cosa que lástima. #OriolVillar #Relato #Heavy Clic para tuitear

Era poco agraciado en todos los sentidos y nunca había conseguido tener un amigo normal. Si en su vida se cruzaba con alguien, tenía que ser mucho más deforme que él para que entre ellos existiese la posibilidad de una amistad. Pero Tomás no quería ser el líder del batallón de tullidos de su barrio y rompía con rapidez cualquier posibilidad de que aquello pudiese prosperar.

En cierta ocasión la Yoly, una guarra de armas tomar pero de buen corazón, le besó en los labios por su cumpleaños. Tomás se enamoró, aún a sabiendas de que ella en aquel momento se encontraba al borde del delirium tremens. ¡Ah, el amor!

A partir de entonces, en su vida no existió mas propósito que conquistar el corazón de su chica. Puso en práctica todas las tácticas conocidas de cortejo, e hizo el ridículo más espantoso con todas ellas.

Cuando pretendía tener un encuentro con su amada, siempre había algún semental colocado en mejor posición que él que se la calzaba a discreción.

Como buen enamorado Tomás lloraba a escondidas y daba largos paseos, acompañado de su radiocassete a ritmo de PANTERA, atronando los amorosos oídos de las parejas que se cruzaban en su recorrido. Qué diferentes formas tiene el amor de manifestarse en cada uno, ¿verdad?

Tomás había buscado trabajo en muchas ocasiones, pero su aspecto de heavy sucio cargado de años le cerraban todas las puertas incluso antes de encontrarlas.

En cierta ocasión logró llegar a una entrevista personal en la ONCE, pero en cuanto abrió su desdentada boca y salpicó con sus babas al psicólogo ciego, éste quiso matarlo con sus propias manos.

Pero Tomás no estaba dispuesto a desistir.  Si existía algún modo de conquistar a la Yoly este debía ser ofrecerle una vida mejor fuera de aquella pocilga.

Si existía algún modo de conquistar a la Yoly este debía ser ofrecerle una vida mejor fuera de aquella pocilga. #OriolVillar #Relato #Heavy Clic para tuitear

La sociedad no estaba dispuesta a darle una oportunidad, y su madre y su desnutrida hermana hurgaban con frenesí la herida abierta por el amor en su corazón. Por primera vez en su vida, y mira que había tenido motivos, sintió ganas de morir.

Pero aquella misma noche, deprimido en su casa, mientras esperaba para acostarse a que su madre despachase a su nuevo amigo, vio en la televisión, entre anuncio y anuncio, la película «Qué bello es vivir», y decidió luchar por sus convicciones y hacerse a sí mismo a imagen y semejanza de James Stewart.

Apenas pudo conciliar el sueño por la emoción del inicio de su nueva vida. Barajó cientos, miles de posibilidades y caminos para llegar a la cima y enamorar a su musa.

A las seis menos cuarto de la mañana encontró sus verdadera vocación.

¡Sería atracador de bancos!

Preparó, con la meticulosidad propia de si medianía, todos los detalles de su gran golpe. Observó, siguió, cronometró, planificó, ensayó, y cuando estuvo preparado fijó una fecha y una hora para su debut.

Apostado frente a una sucursal de la Caja de Ahorros, aguardó el momento oportuno.

Todo estaba a punto.

Tomó aire.

Se cubrió con un viejo panty de su madre y…

Un coche frenó bruscamente ante sus narices, dos manguis entraron, amenazaron, y atracaron su objetivo. Tomás, atónito no daba crédito a lo que veía. No sólo le estaban levantando un trabajo, sino que además al volante de aquel vehículo no estaba otra persona que la única mujer a la que había amado en su vida. La Yoly, su chica, estaba robando sus ilusiones, le estaba arrancando lo poco que le quedaba en esta vida.

Tuvo que dejar sus reflexiones para mejor ocasión, pues los disparos provenientes del interior estaban atrayendo a demasiada gente y él continuaba, camuflado y con su pistola de plástico, helado frente a la escena del crimen. Tomás puso tierra de por medio y corrió sin rumbo durante más de dos horas.

Tomás puso tierra de por medio y corrió sin rumbo durante más de dos horas. #OriolVillar #Relato #Heavy Clic para tuitear

Pasó Tomás toda la jornada atormentado por su futuro y el de la Yoly. ¿Qué habría sido de ella? ¿Cómo habría acabado todo aquello? ¿Qué sería de él ahora?

Tanto pensamiento, y tanta carrera le habían llevado hasta el extremo más lejano de su ciudad. Frente a él no había ya más que un sórdido descampado. Era igual que aquel que frente a su casa había sido su jardín de infancia hacía ya más de treinta años.

Estaba cansado y estaba solo. Quería volver a su casa. Quería acostarse y que su madre le arropase interesada por sus problemas. Quería que aquellos que visitaban a su madre de madrugada fuesen su padre. Quería que su hermana no vomitase cada vaso de agua que le obligaban a beber. Quería tantas cosas que, sentado sobre una piedra en aquel oscuro vertedero, volvió a llorar.

Estaba demasiado cansado para regresar andando hasta su barrio. En sus bolsillos no tenía ni para pagar el autobús. Se sintió desgraciado y rabioso. Tenía ganas de matar a alguien pero sabía que no sería capaz de hacerlo. De modo que observando a dos chicas que venían por la carretera pensó en atracarlas para conseguir algo de guita.

Ensayó su frase y agravó un poco la voz. Se armó de valor y entró al trapo. Las inocentes chiquillas resultaron ser dos lesbianas expertas en artes marciales, que en vez de solucionar sus problemas económicos le propinaron una soberana paliza.

Tomás sintió terror y suplicó al descubrir que sus víctimas pensaban segar su maltrecha virilidad.

Desnudo y ensangrentado, lloró mientras era vejado con desproporcionada saña.

Desnudo y ensangrentado, lloró mientras era vejado con desproporcionada saña. #OriolVillar #Relato #Heavy Clic para tuitear

Apenas sintió los tajos, pero una enorme hemorragia le hizo desvanecer, apuntando en su rostro una leve sonrisa. Quizá pensó que había llegado su hora, y quizá fuese ésto lo mejor que podría pasarle.

Pero de eso nada.

Hoy Tomás pide limosna en las escaleras del metro. Su madre le cerró las puertas de su casa a la muerte de la niña. Ha engordado mucho y presenta un desagradable aspecto vacuno.

Hace tiempo que no pronuncia una sola palabra, pues se avergüenza de su voz aniñada. Sabe que esto es lo único que el mundo va a ofrecerle, y por primera vez en su vida se siente resignado.

La Yoly murió en el atraco y desde entonces a Tomás ya todo le da igual.

Hoy parece que ha encontrado un cierto equilibrio, y sentado en los escalones del suburbano espera que un día una helada o un jonky rabioso se lo lleven por delante.

 

© “El heavy triste” es un un relato de Oriol Villar-Pool