Me encontraba una mañana devorado por la presión y sumido en plena voragine en mi puesto de trabajo, cuando recibí una llamada telefónica. Quien se encontraba al otro lado del auricular era alguien poco dado a las conversaciones y más amigo de las pausas y los silencios.

Pero aquella mañana de otoño,  se había acordado de mi. Había leído en un periódico una convocatoria para la redacción de microrrelatos dedicados al escritor  Francisco Umbral. Para ser más exactos, la convocatoria invitaba a la redacción de  unas pocas líneas que incluyeran la palabra «Umbral». Sin duda la convocatoría nació con el espíritu de mantener vivo a un narrador que había fallecido hacía no demasiado tiempo.

De modo que como quien se plantea un CofeeBreak, me refugié en un lugar apartado, extraje un cuaderno de notas de mi cartera y tras respirar profunda y conscientemente, durante una, dos y tres veces, me lancé  a la escritura sin más reflexión.

No hacía mucho que había vivido una experiencia  poco gratificante y, sin duda, ese poso latente en mi corazón me empujó a escribir las lineas que podrás, querido lector – amada lectora, leer a continuación.

Como siempre digo, te deseo que disfrutes con la lectura de estos pocos párrafos tanto como yo, a pesar del dolor, disfruté al parirlos y disfruto todavía hoy con su lectura.

Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus opiniones sobre este texto o sobre todo aquello que te apetezca decir.


Querida Carmen:

Tras tu reprimenda, tan incesaria como gratuíta. Tras el sermón con el que me aconsejaste, sugeriste y ordenaste. Ahora me dispongo a cruzar el umbral de mi incertidumbre. Trato de acoger en mi corazón todo aquello que ambos ya habiamos olvidado.

Siempre discutiamos por  nada y por todo.

¿Pero hacerlo por el umbral que califica si mis sentimientos son amorosos o  no?

Hacerlo ante la duda de que tan sólo albergaran afecto. ¡Cómo si ésto no tuviese valor alguno!

Eso, mi querida Carmen, sería  como discutir si el azul de cielo lo es por sí mismo o por el reflejo del mar en su inmensidad.

A quién le importa saberse cubierto por el mágico universo o por la sal del mar.

¿Te importa a ti?

A mi, querida Carmen, te aseguro que no.

Todo era exagerado. Todo resultaba siempre excesivo entre los dos.

Fue todo tan desmesurado, que cuando hace ya tanto nos situamos en el umbral del fuego, nunca pudimos imaginar el dolor que nos íbamos a causar.

Nunca. Ni en la más oscura de nuestras pesadillas.

Si, mi querida Carmen. Digo nuestras, pues por aquel entonces fue cuando dejamos de soñar al únisono.

Todo era exagerado. Todo resultaba siempre excesivo entre los dos. #OriolVillar #Umbral Clic para tuitear

Ni siquiera entonces soñamos con que ese sufrimiento pudiera  superar en saña y crueldad el umbral del mayor dolor imaginado.

Cuantas veces reímos fantaseando sobre cuánto y hasta dónde seríamos capaces de soportarnos.

Soportarte tú, soportarme yo.

Soportarnos los dos.

Nunca hubiese creído la cantidad de odio y rencor que tu corazón pudiera albergar hacia mi.

Ni en el que yo podría llegar a generar.

No podía comprender que jamás hubiese  un lugar para mí en tu amor.

Hoy duermo solo.

Durante mis noches observo las paredes desnudas. Paredes que hoy lloran salpicadas con las  escarpias en las que antaño colgaron tus retratos, tus recuerdos, tus ilusiones.

Deslizo mis pies entre las sábanas en tu busca. Busco tu calor y solo encuentro la nada.

No podía comprender que jamás hubiese un lugar para mí en tu amor. #OriolVillar #Umbral Clic para tuitear

Apago la luz, no sin antes releer las últimas líneas de Umbral.

De Paco Umbral – el tuyo y el mío -. Aquel que también abandonaste sobre la mesilla poco antes de cruzar el umbral del adiós.

© “En el umbral del Umbral.” es una reflexión de Oriol Villar-Pool