«La tarde del diluvio» es un relato que pertenece a mi primer libro de relatos titulado «EL SILENCIO DE LOS LOCOS y otras historias reales. Apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas».

Este fragmento del relato titulado «La tarde del diluvio» forma parte de la recopilación de 15 relatos incluídas en el libro «El silencio de los locos». El Silencio de los Locos y otras historias reales, apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas es precisamente eso, un libro de notas y apuntes convertidos en relatos a lo largo de los años.

En estos textos podrás encontrar una mirada irreverente, irónica y sentimental sobre situaciones que en otras manos resultarían espeluznantes. El Silencio de los Locos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo.

Amigas despechadas; viejos profesores travestidos; espabilados musculados; entierros estrafalarios; Heavys sin futuro; conejos voladores; convenciones lisérgicas; sesiones de cine sangriento aún más sangrientas; siniestros urinarios; filetes vengadores; ansias de independencia; y locura, mucha locura.

Estas son algunas de las historias que te acompañarán a lo largo de todas las páginas del libro. Espero de todo corazón que te diviertan, te inquieten y te conmuevan…

… y por favor no te las tomes demasiado en serio.

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Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus pensamientos sobre este poema y el tema tratado en él.


LA TARDE DEL DILUVIO

Tristán atravesó el recibidor al galope. Cruzó la cocina como una exhalación, hasta sumergir su cabeza bajo el grifo del fregadero. En su carrera dejó un reguero de tierra húmeda tras de sí. Los restos desprendidos de los tacos de las botas de fútbol que papá le regaló el día de su cumpleaños.

El agua fría refrescó su frente y sofocó sus jadeos. Tras una cortina transparente observó a mamá. Estaba sentada junto a Rosaura, la chica de servicio, que dictaba como todos los miércoles una carta para Germán, su chaval.

Bastó una mirada de mamá para que Tristán, escoba y recogedor en mano, desanduviese su camino. Paso a paso hizo desaparecer todo resto de barro que alterase la plácida monotonía de una tarde de Agosto.

Tristán tenía doce años. Era inquieto y divertido; activo e infatigable. Pero también podía ser pesado e insoportable hasta extremos irritantes. Cuando se lo proponía era capaz de agotar a todo adulto que le tratara. En suma, era un niño como todos.

Pero había algo en Tristán que lo hacía diferente. Distinto a todas las personas que yo haya conocido, fueran niños o no. Era un rasgo extraordinario que formaba parte sustancial de su personalidad.

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Aunque ya hace muchos años que no lo he visto, aún recibo sus noticias. Me llegan de manera indirecta a través de sus padres, con quienes mantengo una buena relación. Y creo poder afirmar casi con total seguridad que hoy en día, el Tristán adulto, todavía sufre y disfruta de esa capacidad excepcional. Tristán la tenía desde su primera infancia. Me atrevería a imaginar que antes incluso de tener consciencia, antes de generar sus propios recuerdos conscientes. Desde esa época primera y decisoria en la vida de cualquiera, Tristán tenía una gran facilidad para intuir hechos futuros…

 

© “La tarde del diluvio” es un relato de Oriol Villar-Pool incluído en su libro EL SILENCIO DE LOS LOCOS.