«Las cenizas y el mar» es un relato que pertenece a mi primer libro de relatos titulado «EL SILENCIO DE LOS LOCOS y otras historias reales. Apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas».

Este fragmento del relato titulado «Las cenizas y el mar» forma parte de la recopilación de 15 relatos incluídas en el libro «El silencio de los locos». El Silencio de los Locos y otras historias reales, apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas es precisamente eso, un libro de notas y apuntes convertidos en relatos a lo largo de los años.

En estos textos podrás encontrar una mirada irreverente, irónica y sentimental sobre situaciones que en otras manos resultarían espeluznantes.  El Silencio de los Locos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo.

Amigas despechadas; viejos profesores travestidos; espabilados musculados; entierros estrafalarios; Heavys sin futuro; conejos voladores; convenciones lisérgicas; sesiones de cine sangriento aún más sangrientas; siniestros urinarios; filetes vengadores; ansias de independencia; y locura, mucha locura.

Estas son algunas de las historias que te acompañarán a lo largo de todas las páginas del libro. Espero de todo corazón que te diviertan, te inquieten y te conmuevan…

… y por favor no te las tomes demasiado en serio.

#ElSilencioDeLosLocos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo. #OriolVillar #Libro Clic para tuitear

Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus pensamientos sobre este poema y el tema tratado en él.


LAS CENIZAS Y EL MAR

Había estado a punto de ser atropellado en tres ocasiones. No había cesado de lloviznar en toda la tarde. Un autobús urbano rodó sobre un charco enorme y el océano Atlántico me cayó encima. Había tenido un día de esos que no se lo desearías ni al peor de tus enemigos. Había discutido con todos y con cada uno de los seres vivos con los que había tenido contacto. Había salido de casa a las siete y media de la mañana. Había sorbido un repugnante café de ayer en un vaso de plástico. Chuchín, el perro maricón que me regaló mi suegra por mi último cumpleaños, me había sacado a pasear mucho antes del amanecer.

No veía el momento de terminar la jornada. Al parecer el horóscopo de hoy había recomendado joderme a conciencia, y hasta los menos crédulos habían obedecido las órdenes del oráculo.

Pues bien, tras un día así. Un día en el que he preferido omitir mi diarrea de media tarde. A mis compañeros les gusta el menú del día del puto restaurante chino situado debajo de la oficina. Pero yo, en cada ocasión que me aventuro a cruzar su puerta roja con profusa decoración imperial, acabo de rodillas en primer baño a mi alcance. Allí me deshago en lamentos y estertores. Mi maltrecho cuerpo expulsa de todo y por todas las vías posibles. En ocasiones como hoy, cuando coinciden ambas vías al mismo tiempo, la cosa puede llegar a ponerse muy complicada. Sobre todo para el pobre desgraciado que tenga que pasar la fregona después.

Ante semejante colección de despropósitos, aunque pueda parecer lo contrario, hoy no he hecho otra cosa más que trabajar. Para ser más exactos he fingido que lo hacía. Porque a mi trabajar, lo que se dice trabajar, no me gusta en absoluto. He de reconocer que tengo el privilegio de pertenecer a ese selecto grupo de personas que considera el trabajo como una maldición bíblica. Cosa que promulgo a los cuatro vientos.

Hoy no he hecho otra cosa más que trabajar. He fingido que lo hacía. Porque a mi trabajar no me gusta en absoluto. #OriolVillar #ElSilencioDeLosLocos #Libro Clic para tuitear

Ni que decir tiene que todos encuentran muy divertido mi discurso. Hasta que comprueban que hablo en serio.

En mis palabras no hay más que una verdad tras otra. Entonces es cuando la mayoría de mis interlocutores comienzan a sospechar que estoy un poco chiflado. Sin embargo y a pesar de todo, no deja de resultarles gracioso el comprobar que todavía existe algún tarado que siente lo que todos sienten, pero que a diferencia de ellos, tiene los huevos de proclamarlo a los cuatro vientos.

Al terminar mis arengas, por regla general suelo haberme quedado solo en el bar, y siempre me toca pagar los cafés de algún listillo. Nadie dijo nunca que predicar en el desierto fuese una tarea fácil. Fíjense si no en los testigos de Jehová, qué pesados son los cabrones, pero qué perseverantes…

© “Las cenizas y el mar” es un relato de Oriol Villar-Pool incluído en su libro EL SILENCIO DE LOS LOCOS.