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Las manos de Orlac. Una fotografía de Oriol Villar-Pool

Pero la dulce música que me atraía como por un encantamiento sobrenatural, me invitaba a adentrame cada vez un poco más en la extraña estancia. Vi en entonces que a mi derecha, casi escondido, oculto en un recodo del salón había un órgano mucho más grande que los otros. Al parecer ese intrumento majestuoso parecía ser la fuente de esa música que tanto me atraía.

Manos pianista y7 teclado Josetxo

Las manos de Orlac

Cuando busco la inspiración de manera consciente es raro, más bien muy raro, que la acabe encontrando. Resulta realmente extraño que las musas me visiten cuando las necesito, cuando imploro que así lo hagan. Cuando la premura obliga a brotar mis palabras  en cantidad y calidad suficientes como para cumplir con mis compromisos y satisfacer a mis lectores. Pero fundamentalmente y sobre todo, para aplacar mi ego y superar el control de calidad más estricto que conozco, el mío propio.

Era lunes por  y llevaba toda la mañana buscando la historia que diese cuerpo, alma y sentido a mi columna semanal. Ésta, de manera esquiva, me evitaba cada vez que me proponía centrar mi atención en ella. De modo que ante nada mejor que hacer me dirigí a hacer unas fotocopias y encuadernar unos folios que revoloteaban desperdigados sobre mi mesa de trabajo, Al llegar a la copistería me di de bruces con la puerta del comerdio. Era casi mediodía y el local permanecía cerrado a cal y canto. Al mirar en  su interior comprobé que las luces permanecían encendidas y algo después descubrí, delante de mis mismísimas narices un rótulo que informaba de que el local recuperaría su actividad a las 12:00, exactamente cinco minutos después de mi llegada, de modo que decidí esperar.

Para aplacar mi ego y superar el control de calidad más estricto que conozco, el mío propio. #Fotografías #OriolVillar #OriolVillarPool #ElSilenciodelosLocos Clic para tuitear

Junto a la papelería, a su izquierda, había un pasadizo.

Junto a la papelería, a su izquierda, había un pasadizo. Un corredor concebido en su tiempo para albergar algunos negocios con un alquiler algo más económico al no estar en primera linea de calle. Me adentré llamado por mi curiosidad y acompañado por el aburrimiento. Lo hice arrastrando los pìes con la intención de ocupar en algo mi tiempo. Una agencia de transportes que ya no transportaba nada; una academia de idiomas sin alumnos; y una peluquería cerrada hacía mucho, eran los restos de una actividad que en otros tiempos había dado vida a la galería.

Al final del corredor, tardé en darme cuenta de ello,  había una puerta abierta. En su interior, una luz tenue iluminaba la estancia. Era un espacio parecido a un recibidor, con aspecto de  despacho parroquial. Unos enormes cuadros con representaciones de detalles de El Jardín de las delicias de El Bosco y un busto de Palas Atenea sobre un pie alto de madera, representaban el grueso de una decoración que me resultó algo siniestra e inquietante.

Al final del corredor, tardé en darme cuenta de ello, había una puerta abierta. En su interior, una luz tenue iluminaba la estancia. #Fotografías #oriolVillar #OriolVillarPool Clic para tuitear

Di un paso adelante.

Di un paso adelante, pues me había detenido en la puerta, y me adentré un poco más en la habitación. Al hacerlo vi que, dispuestos de forma perimetral, había tres órganos de madera. No sé nada sobre este tipo de instrumentos musicales, pero juraría que se bastan y sobran a sí mismos como instrumentos solistas y sin embargo, podría afirmar casi con total seguridad que estaban así colocados para que varias personas los tocasen al mismo tiempo. O quizá eran éstos, instrumentos tan distntos que cada uno debería contar con su propia personalidad sonora. No lo sé.

Mientras me iba adentrando un poco más en aquella extraña habitación descubrí unas escaleras, que con una importante barandilla de madera labrada que le confería un solemne aspecto, descendian hacia las profundidades del subsuelo. Desde la calle llegaba el sonido del tráfico de la mañana, pero a medida que avanzaba ese rumor se fue desvaneciendo. Fue entonces cuando lo escuché por vez primera. Sonaba de manera muy tenue, casi imperceptible para un oído no atento y esa era la razón por la que hasta entonces me había pasado desapercibido.


Pastorale, BWV 590, Johann Sebastian Bach – Hans-André Stamm.

Era un leve sonido armónico, agradable, profundo y algo misterioso. En un primer momento creí que podía tratarse de una grabación de sonido ambiente. Era una música de esas que se escuchan en las capillas funerarias de las películas norteamericanas. Esas, en donde bajo los influjos de Johan Sebastian Bach, la familia recibe a los compungidos vecinos, mientras los agentes de FBI se disponen ha hacer la autopsia a una joven asesinada semanas atrás. Una víctima descubierta en los pantanos, desnuda por completo y con una larva de mariposa en su garganta.

Tan intensa y fúnebre fue la visión que la imaginación me trasportó hasta los más remotos recuerdos de mi infancia, a los temores más íntimos y oscuros de mi niñez. Fue entonces cuando me pareció escuchar una tos lejana. No tan lejana como para no temerla y a la suficiente distancia como para sentirme a salvo. Al menos por el momento.

Mi curiosidad fue superior a mis miedos.

Mi curiosidad fue superior a mis miedos y avancé todavía un paso más. Entonces otros pasos distintos a los míos comenzaron a subir las escaleras. A medida que me adentraba en la habitación comprobé que era mucho más amplia de lo que yo había intuído en un primer momento. Los pasos ascendentes estaban casa vez más próximos y golpeaban mi cerebro como el martillo de un herrero enloquecido.

Mi curiosidad fue superior a mis miedos y avancé todavía un paso más. #Fotografías #ElSilenciodelosLocos #OriolVillar #OriolVillarpool Clic para tuitear

Pero la dulce música que me atraía como por un encantamiento sobrenatural, me invitaba a adentrame cada vez un poco más en la estancia. Vi en entonces que a mi derecha, casi escondido, oculto en un recodo del salón había un órgano mucho más grande que los otros. Al parecer ese intrumento majestuoso parecía ser la fuente de la música que tanto me atraía.

Los pasos de quien subía por las escaleras estaban ya demasiado cerca como para ignorarlos y sin embargo me bastó avanzar un solo paso más para verlas al fin. Vi las manos del organista, tan solo vi sus manos pues la pared ocultaba el resto de su cuerpo. Eran las manos de un hombre que tocaba ajeno por completo a quien  le observaba en silencio. También parecía ignorar a la persona que ascencia a la superficie acompañado con la tos seca de alguien a quien no le queda mucho.

El organista se detuvo.

El organista se detuvo. Lo hizo de manera dulce y brusca al mismo tiempo. No sé explicarlo mejor, pero me inquietó y me resultó sugerente a la vez. Quien ascendía por las escaleras tosió de nuevo y yo salí de allí como alma que lleva el diablo. Retrocedí sobre mis pasos hasta llegar al pasadizo y en dos zancadas me llegué hasta la calle. Una vez allí me detuve y volví mi mirada hacia atrás, hacia el lugar del que acababa de huír.  Quise ver por última vez ese sepulcro sonoro, pero la puerta ahora estaba cerrada. Alguien la había cerrado mientras yo corría.

Ahora ya no podría ver de nuevo el interior del espacio más raro y atrayente con el que me había encontrado en mucho, mucho tiempo.

Las manos de Orlac, Robert Wiene 1924

© «Las manos de Orlac» es una fotografía de Oriol Villar-Pool.

2 comentarios

  1. Andrea

    Me fascinó. es divertido y un poco siniestro. Tenés una imaginación prodigiosa. Seguí así.

  2. Oriol Villar-Pool

    Muchas gracias por tu comentario. Me divierte mucho escribir y tan solo aplico un poco de fantasía e imaginación a las cosas que observo a lo largo de mis días. Espero seguir contando con tu confianza. Un saludo

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