A eso de las ocho y media de la mañana llegan al campamento tres Land Rover blancos y algo descacharrados. Lo hacen levantado todo el polvo que la imaginación pueda crear. El hermoso paisaje que se atisba más allá de la pista de tierra desparece oculto por a inmensa nube que sigue a nuestros guías.

Día 4 Ruta Arusha-Serengueti.

 

Al frente del equipo de conductores y ojeadores, que nos llevará a Serengueti, se encuentra un tipo de aspecto algo ridículo. Viste pantalones cortos y chaleco de expedicionario, fuma con una laga boquilla y cubre su calva cabeza con un bombín descolorido que seguro que vivió tiempos más glamurosos.

A pesar de su extravagante aperiencia, el gordo líder de trabajadores dirige la operación de carga del material y distribución del equipo y de las personas con una asombrosa seguridad y mayor destreza. A partir de este momento el equipo que nos llevará al corazón de Serengueti pasará a llamarse la » Brigada de Churchil».

La brigada  trabaja y los demás miembros de la expedición miramos como lo hacen. Preparamos equipaje para los tres días que vamos a estar fuera y emprendemos viaje. Nuestro conductor se llama Massawi, es originario de Kilimanjaro y pertenece a la tribu Chagga. Junto a él se sienta Palanjo, uno de nuestros cocineros que sonríe pensando, supongo, en las delicias que nos preparará en los próximos días.

Repostamos 140 litros de gasolina y tras una espera no demasiado larga emprendemos el camino hacia las inmensas llanuras del Parque Nacional Serengueti. He de reconocer que nunca me ha interesado  especialmente la fauna animal, pero también he de admintir que tanto documental de sobremesa a lo largo de los años ha conseguido familiarizarme con ella.

Sé  que el Parque Nacional Serengueti está en Tanzania, que cuenta  con una extensión de 13 000 km², que es conocido mundialmente por sus impresionantes migraciones anuales de miles de ñúes.  Y que destacan también los cinco grandes animales del parque, así llamados por los cazadores, como son el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo. En Serengueti también hay cabida para otras especies destacadas como las hienas, guepardos, cebras, aves rapaces y muchas otras.

Muy cecana a Srengueti está la Garganta de Olduvai, donde se han encontrado innumerables  fósiles y restos de pertenencias a los primeros homínidos. El parque es limítrofe con la Zona de conservación de Ngorongoro, que forma parte del gran ecosistema del Serengueti.

La carretera asfaltada termina pronto, quizá demasiado. Tras un brusco volantazo junto a un cartel que indica MANYARA (parque nacional y lago de gran belleza) emprendemos ocho largas horas de polvo, sudor y por qué no reconocerlo, de una ansiedad creciente. Nada parece llegar nunca, nuestro destino siempre está más allá. Los Land Rover que nos transportan, desportillados y costrosos, pronto empezarán a dar los problemas que no eran difíciles de predecir.

El extravagante gordo que nos llevaría al corazón de Serengueti pasaría a llamarse como Churchil. #OriolVillar #Africa #Serengueti #Viaje Clic para tuitear

Los Masai son una etnia que habita estos parajes; el Swajili la lengua dominante; y Jambo Karibú (Hola, bienvenido) el grito de guerra.

Un poblado aquí, otro allá. Los jóvenes vigías Masai vagan por los campos y las pistas. Los caminos son inhumanos y ni la gran habilidad de Massawi, ni nuestra aún buena disposición hacia la expedición nos lo ponen nada fácil.

En el horizonte Riff Valley, unas montañas con microclima propio, y el origen de la humanidad cada vez está más próximo en esta extensión árida y polvorienta. El Gran Valle del Rift es una enorme fractura geológica con una  extensión de 4.830 kilómetros en dirección norte-sur.  El origen de su formación se remonra al sureste de África hace aproximadamente  30 millones de años. En la actualidad continúa con su expansión, tanto en anchura como en longitud. Al parecer este crecimiento hará del valle una cuenca oceánica.  Los continuos temblores de tierra y emersiones de lava facilitan el crecimiento del Valle.  Quienes saben de estas cosas afirman que de seguir a este ritmo, el fondo del valle quedará sumergido por completo bajo el mar en el plazo de  10 millones de años. Puede que ésto ocurra, pero hoy por hoy el calor es sofocante y el polvo que levantan nuestros vehículos hacen del trayecto una tortura.

A causa de la importancia de los hallazgos arqueoloógicos y antropológicos en el Valle del Rift y su contribución para el estudio de la evolución humana, eswte paraaje ha recibido el apelativo de cuna de la humanidad.

Comemos en un Lodge mugriento pero cargado de flora, encanto y colada tendida al sol  por todos lados. Las habitaciones son un delirio de austeridad. Las mosquiteras que cuelgan del techo casi hacen preferir la visita de la temida Anofeles. El baño, un horror que el tiempo y las hienas nos harán añorar. Sandwich vegetal, huevo duro, plátano, una CocaCola fresca y al tajo. Empieza a hacer mucho calor y el polvo en el pelo no es ni una sombra de lo que se nos vendrá encima.

Pista, pista y más pista. Desde un alto podemos ver el Lago Manyara, un espejismo de agua dulce y verde vegetación entre tanta y árida dureza.

Paramos a repostar y el paisaje cambia una y mil veces. Ahora verde y rojo, ahora amarillo, ahora la nada. Es emocionante y Africa cada vez está más presente e intensa que nunca.

Cuando pareciamos embarcados en viaje al infinito, por fin llegamos a alguna parte. El puesto de control del Área de Knorongoro nos introduce de lleno en un paisaje verde que trae a mi mnmeoria los arrozales del extremo oriente.

Bordeamos el cráter y aún siendo consciente de su inmensidad, no alcanzo a imaginar la impresión que causará en mí cuando días después nos adentremos en sus entrañas en un intento imposible por descubrir sus secretos.

El paisaje amarillea todavía un poco más y las enormes extensiones que le siguen nunca parecen ser nuestro destino.

El área de Knorongoro da paso al área de Serengueti y horas después, cuando ya casi ni siquiera recordamos el aspecto de un ser humano distinto a nosotros, un funcionario nos da la bienvenida al Parque Nacional de Serengueti. Aún nos quedan dos horas de ruta tragando polvo en un indescriptible atardecer en la extensión más grande y hermosa que alguien sea capaz de imaginar.

El mar teñido de oro es lo que casi todo el mundo que llega por aquí ve en estas tierras, pero la emoción de estar siendo tragado por la naturaleza es una fuerza sobrenatural que puede con todo. Quizá éste haya sido el viaje más largo de mi vida para llegar a ninguna parte. Al menos este es el pensamiento que invade mi mente y domina mi cuerpo agotado. Ignoro aún lo que el amanecer deparará en mis días venideros.

Ya muy de noche, es posible que fuesen las dos o las tres de la  madrugada me desperté sobresaltado. #OriolVillar #Africa #Serengueti #Viaje Clic para tuitear

Cenamos en torno a una hoguera que además de ofrecernos su calor es la única fuente de luz de la que disponemos. Luz que nos permite adivinar el aspecto de las maravillas que nos ha preparado Palanjo para saciar nuestros exhaustos estómagos. Después disfrutamos de una animada tertulia y mientras unos recordamos las anécdotas más jugosas de la jornada, otros hacen la consabida escapada al matojo para  culminarasí  el proceso alimenticio de todo ser vivo.

Todos nos reimos al ver las caras de pavor que trae el personal a su regreso de las las tinieblas. En la soledad evacuatoria se escuchan tal cantidad de sonidos aterradores y tan próximos  a nosotros que uno casi regresa al grupo con los pantalones en las rodillas. En un momento que parece tranquilo, la seguridad de la lumbre me anima a cumplir con mi organismo.  Me adentro en la maleza y cuando ya el resto del grupo se ha olvidado de mí, regreso aterrorizado sujetando mis panatlones con una mano y en la otra un rollo de papel higiénico.

Todos rien con mi aprarición como un espectro en paños menores.  Huyo despavorido de una hiena que me observa retadora en la oscuridad. El animal no muestra ningún temor ni con mis gritos y con la cercanía del grupo. Más bien al contrario, se muestra desafiante, se aproxima a nosotros que, con la valentía que da la protección del colectivo, conseguimos ahuyentarla.

Ya muy de noche, no sabría decir con certeza qué hora debía ser, pero es posible que fuesen las dos o las tres de la  madrugada, me despierto sobresaltado. Junto a mi cabeza, al otro lado de la frágil lona de la tienda de campaña, alguien o algo araña el suelo y la propia tienda. Para mi tranquilidad y supongo que para la de todos, aquellos ruidos, que parecen atronadores y asesinos, han despertado a todo el campamento que de nuevo, a coro gritan ocultos en sus tiendas sin que nadie se atreva a asomar la cabeza al exterior. No al menos hasta que el día nos devuelva la seguridad.

Ya por la mañana y entre el cachondeo de los guías africanos podemos comprobar que fueron las hienas quienes nos cortejaron de madrugada, habían arañado nuestras tiendas y habían devorado las bolsas de basura depositadas junto a los vehículos. Para  ser nuestra primera noche las experiencias han sido bien emocionantes.

 

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© “Pole Pole AFRICA. Serengueti se acerca” es un un texto de Oriol Villar -Pool