En el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos aires, a escasos metros de la vivienda en la que habitó Quino allá por los años setenta, Mafalda llora su muerte. Lo hace en compañía de sus inseparables Susanita y Manolito. Los bonaerenses, en representación del planeta entero, depositan sus ramilletes de flores a los pies de estas estatuas con las que el mundo homenajea a quien tanto nos hizo pensar, manteniendo siempre la sonrisa. Aunque ésta en ocasiones quedara helada.

La muerte de Quino me afectó porque la muerte de alguien cercano siempre lo hace, pero en el caso de quien ha derrochado tanto talento a lo largo de los años todavía me llega un poco más hondo en el corazón. El trabajo más conocido de Joaquín Salvador Lavado, universalmente conocido por Quino, son las historietas de la inolvidable y universal Mafalda. Éstas sólo se publicaron entre 1964 y 1973, pero la vida de esta mágica niña nos ha acompañado a muchos durante toda nuestra vida. No en vano yo nací el mismo año que ella y por eso  siento profundamente su pérdida, la de Quino, pues Mafalda, Manolito, Guille, Susanita, Felipe, Miguelito, Libertad, etc.. siempre serán inmortales.

Existen en la vida de cada uno personas, hechos y situaciónes que cuando llegaron a este mundo parece que lo hicieron para permanecer en él eternamente. #Quino #Mafalda #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos Clic para tuitear

Existen en la vida de cada uno personas, hechos y situaciónes que cuando llegaron a este mundo parece que lo hicieron para permanecer en él eternamente. Y eso mismo ocurre con personas muy próximas a uno, como una madre, y con otras que, sin estar tan cerca en el plano físco, sí que lo están en el alma. Artistas de todo tipo han sido influencias importantes y compañeros inseparables de viaje desde que uno alcanza el uso de razón, si es que eso se consigue alguna vez. Un día y sin aviso previo, a traición, nos abandonan para alzar el vuelo definitivo en soledad. Cuando los titulares nos despiertan con la partida de tal o cual  referente en nuestra vida, esa mañana el café sabe peor, la calle parece más fría y húmeda y la jornada se encara de otro modo.

Cuando alguien así  me abandona, deja en mí una sensación de vacío que trato de ocupar del mejor modo que puedo. Recuerdo mi adolescencia, ese tiempo en el que aún no existían las compras on-line y cuando querías hacer un regalo a alguien acudías a una tienda en la que escoger con todo el cariño aquello con lo que obsequiar a quienes querías.

 

Mafalda en plena forma, podría haber dicho ésto hoy mismo.

 

Había una pequeña tienda en mi ciudad que siempre estaba abarrotada y en donde podías comprar casi de todo, camisetas de Woody Allen, Discos de Bob Dylan y The Beatles, velas aromáticas, utensilios de cocina, libros eróticos, novelas subidas de tono, ensayos de cine de arte y ensayo, plantas de interior y sobre todo libros de historietas. De entre todas ellas siempre destacaban los libritos desde cuyas páginas Mafalda ponía el mundo patas arriba.

Allí nos pasábamos las lluviosas tardes de domingo ojeando (y hojeando también) las historietas que no podríamos comprar hasta ahorar un poco. Desde sus páginas Mafalda nos hacía reir y nos hacía pensar hata que el dueño de la tienda nos sugería que «o comprábamos algo o a la calle». Pero el tiempo en que allí habiamos permanecido había sido suficiente para que Quino fuese depositando en nuestro subsconsciente la idea de que el mundo era mucho más complejo de lo que veíamos y que era importante aprender a mirar y a tener un pensamiento propio.

Quino fue depositando en nosotros la idea de que era importante aprender a mirar y a tener un pensamiento propio. #Quino #Mafalda #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos Clic para tuitear

Han pasdo las décadas, Quino ya partió y todavía es el día en que cuando revisito aquellas historietas que, como incunables, descansan en mi bibiloteca recuerdo aquellas tardes de invierno, aquellos trazos de tinta sobre el papel blanco y aquellos bocadillos en los que cada letra decía siempre mucho más de lo que parecía en una primera lectura

Así que cuando alguien com Quino parte de mi lado siento ese vacío que se siente con la perdida del amor, de los seres queridos o de las etapas de la vida. Esa tristeza, la misma que sentí al morir Gabo, Borges, Cortázar, Lou Reed, David Bowie, Eric Romer o Willy Wilder. Ellos habían estado siempre junto a mi y yo nunca creí que llegaría el día en que ellos partirían.

Uno nunca está preparado para perder a sus padres, a sus hijos, a sus amores y su memoria. Pero el legado de tantas almas libres que lo dieron todo para llegar a los demás, me hace sentir una profunda sensación de deuda con ellos y un agradecimiento eterno. Tan eterno como su obra que perdurará más allá de la existencia de sus autores y por supuesto de la nuestra.

Te ha interesado el post. ¿Te apetece decir algo más?
NO te cortes hazlo en los comentarios, me gustará responderte.

 

© “Quino y la eternidad.” es una reflexión de Oriol Villar-Pool