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The Cure, Woody Allen y Abbas Kiarostami. Una reflexión de Oriol Villar-Pool

Anoche vi en la televisión el concierto que The Cure, la mítica banda de Robert Smith, celebró en el Mad Cool Festival 2019. No soy yo muy partidario de la nostalgia en las bandas de rock. Lo entiendo como el estilo rebelde y juvenil por antonomasia, y las bandas que llevan, como es el caso, 40 años en la carretera me suelen dar un poco de grima.

En el caso de The Cure y de Robert Smith en concreto, todavía me provocaban un poco más de prevención. Pues, aunque es cierto que el líder de la banda ya hace años que parece tu tía Paqui la del pueblo, tras dos noches de pedo, y con el pelo alborotado por la electrocución, su proyecto musical siempre ha sido interesante. En sus buenos tiempos fue pionero e influencia de centenares de bandas posteriores que imitaron, plagiaron, emularon y/o homenajearon a The Cure con más o menos éxito.

Pero para mi sorpresa el concierto de anoche en Madrid fue intenso, emocionante, ágil, honesto, electrizante y sobre todo magnífico. Robert Smith demuestra que a pesar de los años, el gachó debe rondar los 60, canta exactamente igual que cuando tenía 20 y que su propuesta musical continúa siendo igual de envolvente, enigmática y sorprendente…


Pero no voy a ser yo y ahora quien descubra las grandezas de quien lleva casi medio siglo haciendo música inquieta allá por donde va.

Lo que me trae aquí es una reflexión que me provocó el seguimiento del Hastag #TheCureEnla2 en twitter, en él además de alabanzas y ensoñaciones varias, llamó mi atención el afán comparativo y cuasi destructivo que muchos participantes hacían en la confrontación de la música de los años 80 y la que se hace hoy en día.

Muchos de esos comentarios hacían comparaciones más bien odiosas entre The Cure (Banda alternativa entonces y ahora) con fenómenos de masas como son O.T. y el Reguetón que si hoy son una auténtica basura, también lo hubieran sido si hubieran tenido lugar en la mitificada década de los 80.

O acaso hemos olvidado los auténticos vómitos que plagaban las emisoras y radio fórmulas por aquel entonces. En aquella época hubo mucha y buena música y mucha, demasiada diría yo, bazofia de consumo de la que hoy ya no se acuerdan más que cuatro canales en YouTube y algunos programas de revival más o menos afortunados.

Pero esa sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, a la que la mayoría de nosotros somos tan dados, a mi me parece una soplapollez de dimensiones olímpicas. Viene bañada de una nostalgia que fantasea con la ilusión que los media han creado en nuestras mentes sobre lo que todo aquello supuso.

La sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, me parece una soplapollez de dimensiones olímpicas. #OriolVillar #Escritor #TheCure #WoodyAllen Clic para tuitear

Con esto no pretendo decir que muchos de nosotros no llevemos marcadas a fuego en nuestro corazón melodías y letras, actitudes y poses que fueron definitorias en la formación de quienes hoy somos.

Pero también, y esto es muy frecuente, es fácil encontrarnos con mucha gente que hoy mitifica aquello que en su juventud despreciaban, en el mejor de los casos, o que ni siquiera conocían, o lo que es peor, se negaban a conocer.

Esta reflexión me llevó al recuerdo de una película de Woody Allen que recuerdo con simpatía como es Midnight in Paris, en este título, el director neoyorquino nos traslada por el mundo de la ensoñación y la nostalgia de alguien, Gil Pender (Owen Wilson), que disconforme con su realidad y su presente, decide trasladarse a un mundo tan fantasioso como irreal del parís de los años veinte del siglo pasado.

Allí Pender descubrirá una época de efervescencia cultural, de exacerbación de la vida, de creatividad extrema. No en vano coincidirá en sus viajes en el tiempo con Dalí, Buñuel, Scott Fitzgerald, Gertrud Stine, Man Ray, Belmonte, Picasso, Hemingway, etc…

…Pero de entre todos sus encuentros el que marcará por siempre su existencia será el maravilloso cruce con la maravillosa Adriana (Marion Cotillard). Esta preciosa joven pondrá patas arriba todo el mundo del protagonista y le llevará a través de la ilusión de que esa época, ese instante, ese momento, era y es, el instante en el querría vivir.

Allí, encontrará que todo está vivo y efervescente, que la creatividad brota por doquier y el amor, la pasión y la vida en su expresión más intensa, luchan como fieras por vencer la rutina, la mediocridad y la banalidad de un modo de vida común y colectivo que podría ser llamado de cualquier modo menos vida.

Pero será la preciosa Adriana quien hará enfrentarse a Pender a la realidad. El mundo en el que la joven vive, que a él se le antoja como el summun de la intensidad, ella lo considera ordinario, vulgar y aburrido.

Adriana en realidad en donde querría vivir es en la Belle Epoque. Y será precisamente en un viaje a ese tiempo, cuando Pender será consciente de la evidencia. Experimentará en sus propias carnes que lo que no nos gusta es nuestro presente, no el presente, sino el nuestro.

Siempre añoramos aquello que no poseemos y denostamos lo que nos rodea. Y ésto será lo que al final nos hará profundamente infelices.

Siempre añoramos aquello que no poseemos y denostamos lo que nos rodea y eso nos hace profundamente infelices #OriolVillar #TheCure #WoodyAllen Clic para tuitear

En el momento en el que cobremos consciencia de esta situación. Cuando hagamos el ejercicio de vivir cada instante de nuestra vida como algo único. Cuando hagamos las cosas que nos llenen, incluso en el caso de aquellas que nos repugnen, nos daremos cuenta de que la felicidad está más en nuestra actitud que en los propios acontecimientos que vivimos.

Hablar de Woody Allen me ha hecho recordar que el cineasta está rodando su nueva película, cuyo título provisional es Rifkin’s festival, a escasos centenares de metros de mi casa.

Me resulta excitante que alguien a quien respeto como creador, autor de muchos títulos celebres y pródigo en la creación de historias más o menos deslumbrantes, pero siempre con un marcado sello personal, esté trabajando tan cerca de mi.

Recuerdo como si fuera ayer la tarde de 1980 en la que acudí con un compañero del instituto al Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián a la proyección de la mítica Manhattan.

Nunca imaginé que casi cuarenta años después, ese mismo cineasta, verdadero icono de la cultura contemporánea, iba a pasear por las calles de mi ciudad e iba poder tropezarme con él a la vuelta de cualquier esquina.

Pero el rodaje de la película estaba provocando tal revuelo en mi ciudad que el nombre de Woody Allen estaba en boca de todos. Y todos se acercaban al set de rodaje o vagaban por las calles con la ilusión de encontrarse con alguien que es ya un compañero de viaje en nuestras vidas. Aunque también he de reconocer que muchos, quizá demasiados, de esos entusiastas seguidores, puede que no hayan visto jamás ninguno de sus decenas de títulos.

Recuerdo como si fuera ayer la tarde de 1980 en la que asistí a la proyección de la mítica Manhattan. #OriolVillar #TheCure #WoodyAllen #Kiarostami #Manhattan Clic para tuitear

De modo que como no soy amigo de multitudes, ni de tendencias masivas, he procurado evitar los lugares de rodaje y mantener una distancia prudencial con el acontecimiento del verano del que todo el mundo habla.

Si he de ser sincero, este revuelo me ha hecho recordar algo que nunca he sabido cuanto tiene de cierto, pero que reconozco que me hubiera encantado vivir a mi.

Creo haber leído en alguna parte que un periodista cinematográfico que había acudido a cubrir el Festival de Cine de San Sebastián de hace ya unos cuantos años, muchos imagino salió a pasear por la playa de Ondarreta, una de las tres playas de la ciudad, a una hora muy temprana del día.

Apenas había amanecido hacía una hora y no había prácticamente nadie por allí a esas horas. Se dirigió al Peine del Viento, un delicioso rincón frente al mar obra del escultor Eduardo Chillida y del arquitecto Luis Peña Ganchegui.

Allí con el sol recién desperezado se sentó y observó el mar cuyas olas chocaban con suavidad contra las rocas. Tras un rato de meditación observó que no muy lejos de él había alguien que al igual que él observaba el horizonte en silencio.

Era un hombre de aspecto musulmán. Vestía por completo de negro y llevaba unas oscuras gafas de sol. Su aspecto era elegante y apenas se movió durante el rato en el que el periodista le estuvo observando.

Vestía por completo de negro Su aspecto era elegante y apenas se movió durante el rato en el que el periodista le observó. #OriolVillar #TheCure #WoodyAllen Clic para tuitear

Aquel hombre le resultaba conocido al periodista, pero tardó unos instantes en reconocerlo. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Se trataba del mítico director de cine Iraní Abbas Kiarostami.

El periodista no podía salir de su asombro. Kiarostami era uno de esos cineastas, autor de obras de culto y que por aquel entonces no resultaba muy fácil de disfrutar fuera del circuito de los festivales y de algunos pases de madrugada en programas especializados de las televisiones públicas. Kiarostami había creado obras enigmáticas y hermosas que habían llevado al periodista a estados de emoción y ensoñación que difícilmente se podían encontrar en el cine contemporáneo.

Vinieron a su memoria títulos tan hermosos como A través de los olivos, El sabor de las cerezas, Close-Up, o Copia certificada. No podía creer que el autor de tanta belleza estuviera disfrutando de la misma experiencia que él y estuviera haciéndolo a escasos veinte metros del lugar en el que se encontraba.

No había nadie más. No se veía a nadie por parte alguna y el periodista sintió que aquel sería su instante. El momento en el que compartió la belleza del amanecer en el Mar Cantábrico con su director más amado.

Le hubiera encantado al periodista saber qué podría estar pensando Kiarostami en ese instante. Su imaginación voló fantaseando sobre las líneas de guion que podrían estar naciendo en la cabeza del director. Soñó también con las imágenes que podrían estar naciendo en su interior bajo el rumor de las olas o el graznido de las gaviotas que sobrevolaban aquel preciso rincón al borde del mar.

Kiarostami y el periodista permanecieron por un largo periodo de tiempo en silencio frente a la inmensidad del Cantábrico hasta que éste decidió girar sobre si mismo para partir.

Kiarostami y el periodista permanecieron por un largo tiempo en silencio frente al Cantábrico hasta que éste decidió partir.#OriolVillar #TheCure #WoodyAllen #Kiarostami Clic para tuitear

Fue entonces cuando las miradas de los dos hombres se cruzaron. Ambos se saludaron con la complicidad de quienes han compartido un momento mágico. Al menos eso es lo que al periodista le hubiera gustado pensar.

Una sonrisa y un ligero gesto de saludo con la mano derecha, fueron los instantes que ambos hombres compartieron en el espacio y en tiempo.

Kiarostami se alejó lentamente con un elegante y pausado caminar y el periodista permaneció allí aún durante un largo rato.

En ese tiempo pensó en lo que le hubiera gustado decir y preguntar a Kiarostami. Se imaginó expresando su admiración y mostrando su gratitud por tan hermosas películas y por los momentos de felicidad que le había proporcionado. Pero su timidez y su prudencia, así como su comprensión con el cineasta, al que no hubiera querido importunar en su momento de soledad e intimidad, le hicieron permanecer allí en silencio, quieto, emocionado a escasos metros de quien quedaría marcado en su memoria por el resto de su existencia.

© “The Cure, Woody Allen y Abbas Kiarostami.” es una reflexión de Oriol Villar-Pool

2 comentarios

  1. Lorenzo

    Muy intenso e interesante Oriol. Enhorabuena. Algun dia sabremos quien era ese periodista, mientras la Tia Paqui (me ha encantado..je je) nos recordara que decimos lo mismo que nuestros mayores nos decian y no nis gustaba «musica la de mi juventud, esto es ruido». ja ja

  2. Oriol Villar-Pool

    Muchas gracias por tu comentario Lorenzo.
    Realmente no estoy muy seguro si la anecdota del periodista es real o fruto de mi imaguinación. pero para el caso sería lo mismo.
    Respecto a los comentarios de los mayores sobre los gustos de los jóvenes, inisto en que no siento ninguna nostalgia por el pasado, recononozco que me he hecho más exigente y disfruto con cosas que antaño me podían resultar densas o tesdiossas (aunque siempre he sido algo «rarito»). Pero sigo disfrutando con la calidad «venga de donde venga».
    Hace unos pocos años vi un concierto de los Sex Pistols barrigones y arrugados en Londres y me pareció que continúan transmitiendo una intensidad admirable. (Por cierto si no lo has leído el libro autobiográfico de Jonnhy Rotten es un documento muy, muy intersante. pwro también te diré que mientras contesto a tu comentario escucho Los salmos de Chichester para contratenor, coro mixto, órgano, arpa y percusión de Leonard Bernstein. así son las cosas.
    Un abazo y gracias por tu comentario.
    aquí te dejo el enlace a otro Post que quizá te interese tambuén: https://oriolvillar.es/got-a-lust-for-life-una-declaracion-de-amor-a-iggy-pop-de-oriol-villar-pool/

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