Si hay algo que no llevo nada bien en el cine en general y en el contemporáneo en particular es la necesidad que tienen, tanto los guionistas como sus directores, por explicar todo hasta la extenuación.

Tratan al espectador como si fuera imbécil y en sus guiones, por llamarlos de alguna manera, se encuentran con la necesidad de mascar hasta la última miga de pan para que el espectador sepa exactamente qué es lo que están pretendiendo contarle y el modo en quieren hacerlo.

Hace unos años, sentado en un restaurante cerca del Palacio del Quirinal en la ciudad de Roma, me dejaba aconsejar por una amiga que residía allí desde hacía décadas. Ella conocía bien los manjares que debía degustar en aquel local de aspecto sencillo y alejado de las rutas turísticas.

Tras aceptar sus sugerencias y decidido a experimentar los sabores y los placeres de una cocina típicamente italiana, ambos inquirimos al tercer comensal que nos acompañaba, un viejo amigo, que decidiese su elección para que el camarero pudiera cumplimentar la comanda.

Mi amigo que apenas había prestado atención a la carta y mucho menos a las sugerencias de mi amiga, sentenció.

– ¡Saguetti carbonara!

Mi amiga y yo nos miramos con cierta sorna y cuando mi amigo se ausentó unos instantes para acudir al baño, dije.

– Ya sabes. Los sabores conocidos. Los territorios ya explorados.

Sirva esto para explicar lo que pretendo decir con estas líneas. Como decía, el cine comercial y la televisión más popular, pecan en mi humilde opinión de algunos males que están llevándolos a una muerte sin remisión.

Los guiones en los que basan sus historias son, no diré malos, pero si muy flojos, predecibles, simplones y vacíos. Se centran en historias más o menos trilladas, y que son planteadas de la forma y el modo más convencional y poco inspirado que uno pueda imaginar.

Deben imaginar estos escritores que de no seguir unas estructuras claramente reconocibles por los espectadores, puede que éstos a los que sin duda consideran mucho más imbéciles de lo que realmente son, no sean capaces de comprender la historia que se les está presentando.

El cine comercial y la televisión, pecan de algunos males que están llevándolos a una muerte sin remisión. #TheVirtues #OriolVillar #Escritor Clic para tuitear

Explicarlo todo

El otro error o defecto de bulto que encuentro en los productos audiovisuales de consumo en la actualidad, es la necesidad imperiosa que tienen los guionistas de explicar todo, absolutamente todo lo que está ocurriendo en la pantalla de modo verbal.

Es decir, hacen que aunque esté claro y sea meridianamente evidente qué es lo que ocurre en la pantalla, los escritores se encuentran en la necesidad de hacer que sus personajes, lo expliquen de modo verbal. Lo hacen a través de unos diálogos por lo general penosos, irreales y absurdos en los que reiteran lo ya mostrado o intuido a través de las imágenes. Esto les hace caer, en la mayoría de las ocasiones, en un ridículo más que espantoso.

Pero la cosa aún puede ser peor. Pues son  capaces de perpetrar diálogos del tipo

– Como bien sabes me divorcié hace unos meses y desde entonces no soy capaz de llevar una vida ordenada.

Todo ello ocurre mientras vemos al protagonista que responde a un teléfono que acaba de despertarlo. Éste duerme aún vestido y empapado con sus propios vómitos en una habitación que más parece un cuadra que una casa decente.

Pero la situación puede empeorar cuando ni siquiera suena el teléfono, o una vecina llama al timbre solicitando la ayuda del protagonista y éste abre la puerta despeluchado y mugriento y víctima de una resaca espantosa. Entonces la cosa se descalabra cuando el guionista decide en un alarde de creatividad que el personaje protagonista, tras limpiar los vómitos de su rostro y beber un vaso de agua rescatado de un fregadero rebosante de vajilla sucia, se enfrasque en un monólogo del tipo.

– Por dios no voy a volver a beber en mi vida. Cómo es posible que haya llegado yo a esto, con lo feliz que vía yo en pareja hasta hace unos meses en que la muy guarra me abandonó…

Pues bien, sirvan estos ejemplos para ilustrar algunas de las abominaciones más habituales del cine y de la televisión actuales.

Es cierto que estas majaderías suelen ir envueltas en una factura técnica bastante apañada. Con un uso y abuso del dron, de la steady-cam, de los planos de vehículos que circulan por calles y/o carreteras en la madrugada. Con subidas y bajadas en ascensores y/o escaleras en los que los protagonistas tengan la oportunidad de observarse en los espejos y/o cruzar algunas palabras con sus vecinos y/o compañeros de trabajo que ayuden a los guionistas a aportar alguna información, del todo irrelevante, que probablemente no aporte nada a la historia pero que servirá para alargar unos minutos una historieta ya de por si vacía.

Al parecer los realizadores y guionistas de estos productos desconocen el verdadero sentido visual del cine y la importancia que la imagen tiene o al menos debería tener a la hora de narrar una historia en un medio fundamentalmente visual.

Pero es que todavía hay más.

¿Alguien podría explicarme por que los realizadores y los guionistas actuales sienten semejante horror por el silencio?

Hacen hablar a los personajes incluso cuando están solos. Cuando no tienen nada que decir. Pero es que cuando ya se les han terminado las frases más o menos, más bien menos, ocurrentes, entonces encienden la televisión, conectan la radio o nos bombardean con música incidental para reforzar algo que a estas alturas ya se ha dicho por activa y por pasiva.

Parecen querer decirnos:

«A este majadero no le pasa nada, no tiene nada que decir y además no sabemos como hacerlo».

Pero aún hay más. Después de todo lo dicho cabría pensar que al menos, como ya he apuntado antes, la factura técnica de estos sub-productos los salvaría de la quema.

Los «actores»

Pero es ahora cuando entran en juego los interpretes. Iba a decir actores, pero me he arrepentido de inmediato, pues ésta es una especie que escasea en todos estos productos.

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Los grandes actores y las grandes actrices, experimentados y curtidos en mil escenarios y rodajes, apenas encuentran lugar en todas las nuevas producciones, que acaban superpobladas por chavalitos provenientes en su mayoría de teleseries juveniles: En general estos jóvenes carecen de la suficiente formación y la experiencia necesaria para defender un papel. Y es que ni siquiera poseen la dicción suficiente para vocalizar un texto, ya de por si sin ningún interés.

Hay honrosas excepciones, por supuesto y hay directores que saben enfrentarse a sus actores para obtener lo mejor de ellos. Pero cuesta tanto encontrarlos que cuando uno lo hace salta en su butaca a causa de la enorme alegría que eso le provoca.

The Virtues

Y esto querido lector es lo me ha ocurrido hace unos días con la serie británica The Virtues. Yo en tu lugar no perdería más el tiempo con tanta producción de tres al cuarto, pretenciosa y vacía. Creo que deberías sumergirte en una de las experiencias audiovisuales más impactantes que te puedas echar al cuerpo en la televisión actual.

En The Virtues., su director Shane Meadows te mostrará a Joseph (Stephen Graham), un personaje solitario y abandonado por todos que víctima de un suceso traumático de su infancia vivirá sumido en un estado de autodestrucción y soledad.

Tras un último revés en su vida, decide regresar a su Irlanda natal con la intención de enfrentarse a su pasado y a los recuerdos que le marcarían de por vida. Todos ellos ligados a lo peor que pueda ocurrirle a un niño de 9 años en un orfanato público.

El reencuentro con su hermana a la que no ve desde su reclusión en los servicios sociales y su posterior fuga; el descubrimiento de su cuñada Anna (Niamh Algar), otro personaje atormentado por su pasado; y su decisión de enfrentase a sus miedos podrán ser, solo podrán, una suerte de liberación para todos ellos.

Tras esta sinopsis más o menos convencional nos encontramos en The Virtues. con un asombroso relato de estructura ágil y juguetona. Nos irá desgranando la mente de sus protagonistas con las dosis justas y necesarias para seguir el relato con claridad y comodidad. Y lo hará manteniendo nuestra intriga, curiosidad y empatía en cada momento.

Un magnífico guión del propio Shane Meadows y de Jack Thorne, creadores de la también mítica This is England; una realización poderosa, sensible y efectiva; unas interpretaciones magistrales, con un Stephen Graham a su cabeza en auténtico estado de gracia; y una Banda Sonora a cargo de mi adorada P.J.Harvey, hacen de The Virtues. una experiencia de enorme intensidad. Tras el visionado de sus cuatro capítulos no sabes si pedir oxígeno, correr 100 kilómetros o llamar a tu madre para demostrale tu amor incondicional.

No se trata The Virtues. de una serie al uso. Es más bien una experiencia dramática de una fuerza tal que la hace merecedora de todos y cada uno de los halagos que de ella puedas encontrar.

No se trata The Virtues de una serie al uso. Es más bien una experiencia dramática de enorme fuerza. #TheVirtues #OriolVillar #Reflexión #Escritor Clic para tuitear

En The Virtues. hay un guion sólido, bien construido y con bombas emocionales por doquier. Sus escenas están planteadas con maestría y voluntad de apoyar sin fisuras un relato que te romperá el corazón y puede, solo puede, que te abra una vía a la esperanza.

La realización es inquieta e interesante. En ella sus autores experimentan con los formatos, las texturas, el lenguaje y todos los recursos que su dilatada experiencia les ofrece y saben sacar partido de todas ellos.

Los diálogos son de un naturalismo tal y dotados de enorme intensidad, sobre todo en lo que no se dice, que como espectador asistes a cada suceso con el corazón en un puño y los lagrimales a punto de rebosar.

Creo que los actores están tan seguros de lo que están haciendo, que logran las que probablemente sean las interpretaciones de sus vidas, y si o al tiempo.

Stephen Graham pasa desde hoy mismo a ser uno de mis actores de cabecera pues parece difícil lograr una interpretación tan intensa, tan medida y contenida y a la vez tan autodestructiva y excesiva, aportando matices por docenas a alguien del que no sabes casi nada y al que acabarás amando como si hubieses compartido tu vida a su lado.

© “The Virtues.” es una reflexión de Oriol Villar-Pool