«Últimas confesiones» es un relato que pertenece a mi primer libro de relatos titulado «EL SILENCIO DE LOS LOCOS y otras historias reales. Apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas».

Este fragmento del relato titulado «Últimas confesiones» forma parte de la recopilación de 15 relatos incluídas en el libro «El silencio de los locos». El Silencio de los Locos y otras historias reales, apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas es precisamente eso, un libro de notas y apuntes convertidos en relatos a lo largo de los años.

En estos textos podrás encontrar una mirada irreverente, irónica y sentimental sobre situaciones que en otras manos resultarían espeluznantes. El Silencio de los Locos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo.

Amigas despechadas; viejos profesores travestidos; espabilados musculados; entierros estrafalarios; Heavys sin futuro; conejos voladores; convenciones lisérgicas; sesiones de cine sangriento aún más sangrientas; siniestros urinarios; filetes vengadores; ansias de independencia; y locura, mucha locura.

Estas son algunas de las historias que te acompañarán a lo largo de todas las páginas del libro. Espero de todo corazón que te diviertan, te inquieten y te conmuevan…

… y por favor no te las tomes demasiado en serio.

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Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus pensamientos sobre este poema y el tema tratado en él.


ÚLTIMAS CONFESIONES

No hace demasiado tiempo, me detuve frente a un viejo comercio. Uno de esos de toda la vida. De esos que sorprende que hayan resistido al tiempo, a la competencia, a las grandes superficies, a los precios imposibles y a la muerte de sus clientas.

Observé con detenimiento el escapare. Era un espacio elegante en el que cada artículo allí expuesto parecía colocado en el único lugar que el universo hubiera podido disponer para él. En aquel refinado escaparate convivían prendas íntimas que no lo parecían. Juegos de toallas de tanta calidad, y elaborados con tanto esmero, que sólo merecían secar cuerpos perfectos.

Me recreé durante un buen rato en la visión de aquella máquina del tiempo. Estaba tan alejada del tanga de mercadillo y de las sábanas de almacén, que parecían habitar mundos distintos. Tras los visillos que ocultaban el interior del comercio, ejerciendo de auténtica salvaguarda de la intimidad y el decoro, apareció el rostro de Angélica.

Angélica era la dueña desde hacía ya demasiado tiempo como para recordarlo. Se hizo cargo de un negocio en decadencia cuando su marido la abandonó para caer en brazos de una joven dependienta. Ésta, al parecer, había dedicado más tiempo a la bragueta del jefe que a aprender el oficio.

Así que de ese modo. De la noche a la mañana. Con la sorpresa con la que se suelen despertar las esposas, al ser las últimas en descubrir los amores furtivos de sus maridos. De ese modo, casi sin darse cuenta pasó de ser la señora de la casa a ser la responsable del comercio. Un negocio del que apenas sabía nada. Al menos nada más de lo poco que pudo observar a su marido tras años de gestión.

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Siempre se arrepintió Angélica de haber dedicado más entusiasmo a la observación de su marido como profesional que como esposo. Cosa que, en un acto injustificado de autoinculpación y reproche, consideraba que había provocado el fracaso de su matrimonio. Que había arrojado a su marido, a la búsqueda, más allá del hogar, del afecto que ella no le dio. Ya porque no supo, ya porque no pudo, ya porque no quiso.

Estuve un buen rato sumido en todos aquellos recuerdos. Sucesos que durante los años había escuchado contar a mi madre. Chismes sobre Angélica y sobre su marido infiel que la había arrojado, sin compasión alguna, en las fauces del mundo empresarial y del infierno sentimental.

Pero si había algo de lo que Angélica estaba convencida, era de que el destino había jugado a su favor. Que la partida inesperada de su esposo entre las piernas de la atractiva dependienta, era lo mejor que hubiera podido ocurrirle jamás.

 

© “Últimas confesiones” es un relato de Oriol Villar-Pool incluído en su libro EL SILENCIO DE LOS LOCOS.