Una oscura y fría tarde de invierno en la que esperaba el autobús para dirigirme a mi casa, detecté cierto revuelo en la placita que había al otro lado de la calle. Dos agentes de policía y unos sanitarios subían y bajaban de los baños públicos situados en el subsuelo. La gente se arremolinaba en torno a la autoridad ávida de noticias. El aroma de la soledad de la muerte lo inundaba todo.
¿Qué había ocurrido?
Si quieres saber qué estaba pasando en aquellos urinarios tendrás que continuar leyendo para descubrirlo. Te aseguro que te gustará lo que leerás, y espero que  lo haga tanto como me ocurrió a mi al escribirlo.

Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus opiniones sobre este poema y el tema tratado en él. 

Un hombre serio, con un abrigo gris, descendió de un coche oficial y desapareció, escaleras abajo sin mediar palabra. #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos #Relato Clic para tuitear

No era frecuente ver a tanta gente en aquella placita. Dos silenciosas ambulancias alteraban el tráfico de una fría tarde de invierno. Un ambiente enrarecido inundaba el lugar.

Calladas gentes observaban con curiosidad a los dos policías que custodiaban las escaleras de acceso a los baños públicos. Nadie sabía nada, pero todos imaginaban lo peor.

Policías y sanitarios subían y bajaban sin cesar. Un bebé lloraba en brazos de su padre. Dos retrasados interrogaban sin éxito, a un impertérrito y barbudo agente.

– Hace ya dos horas que están aquí. – Murmuraban dos viejas junto a mi.

Una niña asomaba su cabecita a través de la barandilla de la escalera y espiaba con interés.

Cayó la noche y el fío era cada vez más desagradable. En el interior de una ambulancia, la encargada de los retretes tomaba un calmante arropada por dos socorristas.

Dos majaderos vociferaban bromas nerviosas que, aumentando la tensión, encrespaban aún más los ánimos de un público cada vez más numeroso.

Lloviznaba. Algún que otro previsor fumaba bajo su paraguas elaborando las más diversas hipótesis.

Los Walkie-Talkies vomitaban entrecortadas voces initeligibles. Los apagados rotativos de los vehículos policiales acrecentaban una sensación de muerte cada vez más intensa.

Un hombre serio, con un abrigo gris, descendió de un coche oficial y desapareció, escaleras abajo sin mediar palabra.

En un circuito sin fin, giraba un tren eléctrico en torno a una pequeña ciudad en miniatura que dormía en el iluminado escaparate de la  juguetería de la esquina. Tras el cierre de sus establecimientos, los comerciantes se interesaban por lo ocurrido.

Un policía autorizó la entrada a dos camilleros, cosa que aumentó  la expectación.

Al poco, el hombre del abrigo gris emergió a la superficie abriendo una siniestra comitiva. Tendido en una camilla y cubierto por una sábana blanca, un cadáver cerraba el cortejo.

Todos fumaban y resultaba imposible escuchar sus palabras. Un hombre con paraguas, que parecía conocer a alguien que había estado abajo, comentó:

– Con éste ya van dos esta semana .

Los coches oficiales fueron desapareciendo y la multitud, insatisfecha e impresionada, se dispersó con lentitud.

Los majaderos vociferaban todavía y el bebé llevaba rato dormido.

La encargada, con su bata blanca bajo el abrigo, echó la llave a los retretes. Un policía la invitó amablemente a montar en un coche patrulla.

La encargada, con su bata blanca bajo el abrigo, echó la llave a los retretes. Un policía la invitó amablemente a montar en un coche patrulla. #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos #Relato Clic para tuitear

Yo ya estaba calado hasta los huesos, cuando un crío comentó en voz alta:

– Un yonki que la ha palmado por sobredosis .

Llovía cada vez con más intensidad. Una farola se fundió escupiendo un chispazo. Una anciana observaba  tras los visillos de su hogar.

Un autobús se detuvo en la parada situada al otro extremo de la placita, lo tomé y abandoné el lugar.

Ya eran pocos los corros que comentaban el suceso.

Tenía los pies fríos y comencé a estornudar.

 


¿Quieres leer la adaptación para el cine que hice de este relato?

Pues hazlo leyendo Rosaura. Un guión de Oriol Villar-Pool

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© “Un siniestro urinario” es un un relato de Oriol Villar-Pool