«Un tipo relativamente normal» es un relato que pertenece a mi primer libro de relatos titulado «EL SILENCIO DE LOS LOCOS y otras historias reales. Apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas».

Este fragmento del relato titulado «Un tipo relativamente normal» forma parte de la recopilación de 15 relatos incluídas en el libro «El silencio de los locos». El Silencio de los Locos y otras historias reales, apuntes sobre el amor, el odio, el horror y otras cosas es precisamente eso, un libro de notas y apuntes convertidos en relatos a lo largo de los años.

En estos textos podrás encontrar una mirada irreverente, irónica y sentimental sobre situaciones que en otras manos resultarían espeluznantes. El Silencio de los Locos se mueve entre el relato más salvaje, la incorrección política y un lirismo en ocasiones extremo.

Amigas despechadas; viejos profesores travestidos; espabilados musculados; entierros estrafalarios; Heavys sin futuro; conejos voladores; convenciones lisérgicas; sesiones de cine sangriento aún más sangrientas; siniestros urinarios; filetes vengadores; ansias de independencia; y locura, mucha locura.

Estas son algunas de las historias que te acompañarán a lo largo de todas las páginas del libro. Espero de todo corazón que te diviertan, te inquieten y te conmuevan…

… y por favor no te las tomes demasiado en serio.

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Si te apetece dar tu opinión no dudes en hacerlo en los comentarios que encontrarás al final del texto. Me encantará conocer tus pensamientos sobre este poema y el tema tratado en él.


UN TIPO RELATIVAMENTE NORMAL

Julián era un tipo relativamente normal. No había leído un libro en su vida; bebía cerveza en exceso; adoraba las peleas de perros, las apuestas ilegales y el porno. En resumen, era un tipo relativamente normal.

Nunca agradecía ningún favor a nadie. En sus vecinos no veía más que una legión de imbéciles en deuda con él.

Era un tipo relativamente normal que miraba la televisión a todas horas sin saber nunca qué veía. Si en la pantalla no había al menos dos mujeres, tres hombres o cuatro animales practicando alguna variedad de sexo, a Julián no le interesaba en absoluto. Julián era incapaz de retener nada de lo que veía en la pantalla. Era obsesivo y también disperso. La mujer que le atendía unas cuantas horas cada día se llamaba Pastora. Cuando lo veía ahí sentado y ausente frente a la tele, no podía imaginar en qué coño estaría pensando Julián. Si es que alguna vez pensaba en algo.

-¿Quieres que te diga yo en qué piensa ese hijo de puta?- dijo Rocío. Rocío era la encargada de preparar la cena a Julián. También se ocupaba de lavarlo, de vestirlo y desvestirlo, de acostarlo y también de pararle la mano-. ¡En mi culo! En eso es en lo que piensa el muy cabrón. En su cabeza sólo hay lugar para eso. ¡Pues lo lleva claro! Antes me quemo las tetas con la vitrocerámica, que dejar que esa babosa inmamable me ponga la mano encima. Como si no tuviera bastante con ver como se pone bravito cuando le lavo. ¡Será gonorrea el cabrón!

Julián era relativamente normal. Solo se levantaba de la cama cuando Pastora lo echaba de allí a patadas y arrancaba las sábanas para lavarlas con lejía, el único modo de hacer desaparecer manchurrones tan variados. El espectáculo era tal que en manos de un buen marchante, aquellas telas hubieran hecho un buen papel en las paredes del MoMa.

El espectáculo era tal que en manos de un buen marchante, aquellas telas hubieran hecho un buen papel en las paredes del MoMa. #OriolVillar #ElSilenciodelosLocos #Relatos #Libro #Amazon Clic para tuitear

-Mira que le tengo dicho que no se arranque el pañal. ¡Pero que si quieres!

Julián era relativamente normal. No se cambiaba de ropa, nunca y bajo ningún concepto. Pastora se la robaba cuando él aún dormía, la metía en una bolsa de plástico y la tiraba a la basura. Al despertar encontraba sobre la butaca unos pantalones nuevos, camisas que aún conservaban los alfileres, y gayumbos sin restos orgánicos. Julián montaba en cólera. Entonces Pastora cerraba la puerta de la cocina, subía el volumen del transistor y esperaba a que se le pasara el cabreo.

Cuando Julián terminaba de insultarla, Pastora subía las persianas, servía el desayuno a Julián y hacía la habitación. Tras un tazón de café con leche y cuatro sobaos, Pastora hacía cuatro carantoñas a Julián, lo vestía y lo largaba a la calle. Así conseguía librarse de él hasta el mediodía.

Julián era un tipo relativamente normal. Tenía el colesterol por las nubes. Fumaba a todas horas y le gustaba el café bien cargado. Solo quería comer fritangas. Le daba igual si eran hamburguesas, salchichas, chorizos, chuletas o casquería. Lo único que a Julián le importaba era que lo que le prepararan para comer fuera graso y de cerdo. Sobre todo con mucha grasa y con muchas especias.

Por fortuna la cocina era cosa de Pastora y ésta trataba de cuidar la dieta de Julián. No lo hacía porque sintiese la más mínima simpatía por él. A Pastora solo le preocupaba conservar su puesto de trabajo lo más posible. Preparaba verduras, legumbres, potajes, sopas, pescado, etc. Todo mierdas por el estilo, como siempre se ocupaba de precisar Julián…

 

 

© “Un tipo relativamente normal” es un relato de Oriol Villar-Pool incluído en su libro EL SILENCIO DE LOS LOCOS.